“Un pequeño porcentaje de seres humanos desarrolla lo que se suele llamar espíritu explorador. Sienten la curiosidad por conocer que habrá más allá de lo conocido. Quizás la fascinación por lo desconocido. El principal aliciente de la espeleología consiste en que puede satisfacer esa necesidad de explorar que sentimos algunas personas. Sobre el planeta Tierra es cada vez más difícil encontrar rincones no hollados por el pie humano. Pero el mundo subterráneo y el mundo submarino son dos territorios llenos de incógnitas. De los dos el más accesible es el subterráneo. Y aquí donde vivimos, Cantabria, tenemos la gran suerte de tener un paraíso para la exploración subterránea. Las cuevas más grandes de España, y entre las primeras de todo el mundo, están en nuestra región”.
La Cueva de la Hoyuca forma parte de un gran sistema cárstico llamado Sistema de los Cuatro Valles. Con sus más de cuarenta y cuatro kilómetros topografiados, en su momento estuvo entre las cuatro primeras cuevas en desarrollo (longitud acumulada de todas sus galerías) de España, y al día de hoy sigue estando entre las diez primeras. La denominación Cuatro Valles obedece al hecho insólito de que el sistema tiene entradas en cuatro valles diferentes; a saber: Riaño (La Hoyuca y el Hoyo de la Reñada), Matienzo (El Carcavuezo), Llueva (El Covarón) y Secadura (surgencia de Los Boyones). Aparte de esta extraordinaria característica la Cueva de la Hoyuca, es decir, del Sistema de los Cuatro Valles, posee una variedad de zonas absolutamente increíble.Bien podríamos decir que estamos en cuevas totalmente distintas. La red hidrológica activa es rica en ríos y arroyos. Sólo en el sector cercano a las entradas de Riaño se contabilizan, al menos, cinco cursos fluviales distintos. Las galerías oscilan desde estrechas gateras, algunas de ellas parcialmente inundadas, hasta galerías altas como catedrales.
Muy características son las chimeneas que salpican muchos sectores de la cavidad, y entre las cuales destaca de forma notable la Bóveda Astral (Astradome): enorme cilindro, como tubo de órgano, con veinte metros de diámetro y casi cien de altura. Si uno hace cualquier ruido o sonido, aunque sea muy ligeramente, en la base de la Bóveda Astral la reverberación es sobrecogedora. En este punto consta un terrible accidente acaecido a un joven espeleólogo del MUSS (Manchester University Speleological Society) cuando confundió la cuerda que descendía desde el cenit de la Bóveda Astral con un cabo de diez metros. El accidente fue un tremendo shock para sus compañeros exploradores.
Nuestro recorrido en esta inmensa cueva tendrá que ser relativamente modesto: nos vamos a mover por la Red de Entrada hasta el acceso a Quadraphenia y realizaremos una visita a una zona con formaciones. A pesar de la aparente modestia de esta actividad, y aunque no tiene verticales significativas, se trata de un bello compendio de espeleología por la variedad y riqueza de sus pasos, galerías y espeleotemas. Aunque visitar una cueva ya explorada no sea una actividad de exploración estrictamente hablando, las emociones que suscita en los visitantes el tener que buscar el camino con sus pequeñas incertidumbres produce una gran satisfacción.
Localización
Para acercarse a la cueva debemos dirigirnos hasta la aldea de Riaño, en el municipio de Entrambasaguas, y tomar la desviación hacia el barrio de La Iglesia. Dejando la iglesia a un lado conduciremos por el pueblo unos 100 metros hasta una curva a la izquierda en la que hay un grupo de contenedores de basura. Justo antes tomaremos entre dos casas una pista asfaltada a la derecha que unos metros más allá desemboca en La Hoyuca, depresión cárstica alargada (llamada técnicamente polje, palabra serbocroata) y cubierta de prados. Justo al otro lado de la pista, el alargado polje queda limitado por un bosque de avellanos y castaños. En su punto más bajo un pequeño claro nos sitúa frente a la rampa de entrada.
Bajando la rampa de entrada hacia un aparente cul de sac nos encontraremos una gaterilla a mano izquierda por la que debemos colarnos con los pies por delante para aterrizar en una estrecha grieta inclinada. En esta zona la corriente de aire suele ser muy fuerte. De la grieta saldremos por un laminador (galería muy baja pero ancha) al que se accede pasando por encima de un pequeño desfonde que nos obliga a un curioso movimiento circense. Una vez atravesado el corto laminador llegamos a una salita decorada con algunas formaciones en la que suele haber unos raros caracoles troglobios de color ocre. Avanzando en la misma dirección que traíamos, bajamos por un pasillo resbaladizo hasta entrar en una amplia sala. Cruzando la sala de frente, un poco a la derecha, encontraremos unos goteos que pueden formar chorro. El camino correcto hacia el interior de la cavidad sigue el regato que forma el agua (atención a los resbalones) y luego una rampa ascendente de barro. Así, llegamos a un cruce de galerías, estilo diaclasa (galería formada a partir de una falla, generalmente estrecha y alta), cogemos la de la derecha.
En el siguiente cruce tomamos la de la izquierda y avanzando unas decenas de metros encontraremos dos galerías paralelas. Tomamos la de la derecha, menos evidente, cuya base, formada por barrillo y agua, tiene la anchura de un pie. Al salir de este pasaje volvemos a torcer a la derecha y en el cruce que le sigue tomamos la izquierda por un pequeño resalte. Esto nos conducirá a una diaclasa que parece acabarse en menos de 10 metros. Sin embargo, si se sigue avanzando al estilo egipcio (todo el cuerpo de perfil) encontraremos a mano derecha una amplia ventana (oculta a la vista hasta que se alcanza) por la que saldremos de este paso sin ninguna dificultad.
Quadraphenia
Nos encontramos ahora en una galería fósil con suelo arenoso que puede transitarse, casi siempre, caminando con comodidad y cuyas dimensiones se van ampliando progresivamente. La galería zigzaguea con grandes tramos rectilíneos (a veces del orden de 100 a 200 metros) y aunque tiene galerías laterales que surgen en algunos cambios de dirección, nunca hay duda de cual es la principal. Avanzaremos hasta llegar a un pequeño resalte que domina un arroyo. Se trata de un afluente que aparece, a mano izquierda, por una estrecha y alta galería. Debemos seguirlo unos metros, aguas abajo, hasta desembocar en el río principal (llamado por los ingleses del MUSS First River), que aparece a mano derecha en una sala con bloques planos. Siguiendo río abajo enseguida alcanzaremos una amplia sala con playas (buen lugar para comer y descansar) en la que el río discurre por el medio. Nos encontramos en la entrada de Quadraphenia.
De todas las galerías que dominan la sala por su margen derecho hay que tomar la primera. La ruta hacia Quadraphenia esta muy marcada por huellas en el suelo arenoso. Encontraremos una sala de forma triangular, llena de bloques resbaladizos de grandes dimensiones y con aparentes continuaciones por varios rincones. La única que nos lleva a nuevos sectores es una galería ancha y arenosa con placas cristalinas en las paredes -que tomaremos en el ángulo derecho de los dos por los que no hemos entrado de la sala-. Al poco alcanzamos un desfondamiento profundo dominado por un gran bloque. Estamos en plena Quadraphenia. A partir de aquí se multiplican las posibles galerías a visitar abundando concreciones de tipos muy variados. En algunos puntos de este sector las estalactitas están teñidas de un color rojo oscuro debido a los óxidos de hierro presentes en el terreno. De cualquier forma, una visita a Quadraphenia nunca es igual a otra debido a la gran cantidad de rincones y pequeñas galerías.
La salida la haremos sin ninguna dificultad siguiendo en orden inverso todos los pasos que antes hemos recorrido. Es práctico ir dejando señales (catadióptricos) en el avance, lo que nos facilitará en gran medida la salida. En total, contando con los descansos y las fotos, podremos tardar entre 3 y 5 horas para hacer el recorrido. Por supuesto, podemos hacerlo mucho más largo visitando un enorme número de desviaciones que no hemos mencionado pero que figuran en los planos adjuntos.




