Los profesores de golf han ido cobrando con el tiempo un gran protagonismo hasta convertirse en indispensables a la hora de enseñar los secretos de esta disciplina. Los autodidactas ya no tienen excusas, no en vano siempre han sido, son y serán una especie en peligro de extinción. Es hora de volver a la escuela, pero esta vez… a la de golf.
Todo el material necesario para practicar este deporte ha adquirido personalidad propia en tiendas y centros comerciales, donde el golf se ha ganado por derecho un lugar destacado. Pero tener el mejor juego de palos no es garantía suficiente para ‘dar la talla’ en el campo, para sacar el máximo rendimiento nada mejor que iniciarse bajo la supervisión de un profesor.José Antonio Sota, tercero de los vástagos del golfista Ramón Sota, es uno de esos profesionales que puede presumir de haber nacido con un palo de golf debajo del brazo. Desde el Club de Golf Ramón Sota de Agüero, su centro de operaciones, se dedica en cuerpo y alma a adoctrinar a jóvenes y mayores en las artes de este deporte. Después, sólo queda salir al campo y demostrar si uno es capaz de lograr el hándicap deseado. Ahí van sus disertaciones.
EDAD
La técnica en el golf lo es todo; una característica en la que las leyes de la física, que no están al alcance del entendimiento de los más jóvenes, juegan un papel fundamental. De ahí que la filosofía para enseñar a los niños pasa por explicar la técnica pero de una manera divertida, a través de la cual el niño disfrute jugando. La ‘psicología’ tiene un papel muy importante a la hora de enseñar al alumno; también sus características físicas –complexión, fuerza, elasticidad, edad, sexo…- condicionan no tanto el aprendizaje en sí como el tiempo que se tarda en aprender. Conviene que la edad mínima para empezar a jugar sea de 7 años porque, al ser las clases en grupo, ya empiezan a tener la suficiente madurez para respetar a los compañeros, no distraerse y asimilar lo que se le enseña. Entre los 10 y los 12 años los niños tienen unas condiciones físicas excepcionales, tienen mucha elasticidad y lo asimilan todo enseguida, y se les puede empezar a explicar las cosas de una manera más técnica, de tal forma que el golf deje de ser un mero juego para ellos. Pero es a los 15 años cuando un joven posee unas condiciones físicas y mentales excepcionales para iniciarse en el golf.
Entre los 20 y 40 años empieza a costar un poco más, digamos que la ‘bisagra’ de las personas empieza a endurecerse un poco, pero si pensamos en gente que quiere llegar a un hándicap muy bajo o incluso plantearse el profesionalismo, empezar más tarde de los 15 años (más o menos) puede suponer un paso atrás. En el aspecto psicológico, la capacidad para asimilar las cosas, retener y coordinar los movimientos es alta, de ahí que sea una etapa muy buena para aprender a jugar, hay progresos rápidos.
Comenzar a jugar a partir de los 40 años puede implicar ciertas dificultades porque el cuerpo ya ha perdido bastante elasticidad y potencia. Aunque por suerte el golf es un deporte en el que uno puede jugar a cualquier nivel y contra cualquiera, que para eso está el hándicap. Cuando uno empieza a jugar a esos años tiene asumido que sus pretensiones no pueden ser muy altas: si una persona de 50 años juega en un campo largo lo más seguro es que mientras un joven emplea dos golpes para llegar a las inmediaciones del hoyo, posiblemente él lo haga en 4 ó 5, pero se va a divertir igual. La ventaja del golf respecto a otros deportes es que una persona mayor puede jugar un partido muy disputado contra otra más joven porque muchas veces es el hándicap el que inclina el partido a favor de uno u otro jugador. Hay aficionados que puede poner en aprietos al mejor de los contendientes.
PRÁCTICA
Es fundamental aprender los principios del swing para poder entender las particularidades de su movimiento. Las primeras clases están destinadas a saber colocarse delante de la bola para hacer un buen movimiento con el palo, una buena acción coordinada. Lo normal es comenzar dando golpes de media distancia, y a medida que el jugador va asimilando esos fundamentos en la colocación, en la postura de las manos y del cuerpo, la alineación del objetivo, etc.., se trata de encontrar esa acción que te permite coordinar correctamente las partes del cuerpo que participan de manera activa en la consecución del golpe. A partir de ahí la gente se inicia y se van viendo diferentes tipos de golpes en función del palo que se va a utilizar (putt, chip, approach, el bunker, las maderas…), lo que requiere una serie de ajustes en la colocación para conseguir un tipo de impacto diferente pero teniendo en cuenta que el movimiento del palo se hace siempre igual. Cada golpe tiene una forma determinada de impactar, pero el movimiento del palo siempre se realiza de la misma manera.
PALOS
Hay que indicar cuales son los fundamentos de una buena colocación así como los ajustes que hay que realizar de cara a dominar la técnica en función del golpe que queramos hacer, lo que puede implicar el cambio de palo -no es lo mismo realizar un golpe con una madera que con un putt o un hierro- para provocar diferentes tipos de vuelo de la bola, de efectos, de ángulos, etcétera.
JUEGO
Lo que la mayoría de la gente quiere saber es el tiempo que tiene que invertir para obtener la licencia. Aunque no se puede hablar de un número determinado de horas, lo deseable sería dar un mínimo de 30 clases prácticas (a hora por clase) más algunas por parte del alumno. Sólo hay que aprender a adquirir cierta coordinación, saber colocarse delante de la bola y hacer una acción más o menos coordinada, objetivos que pueden tener una duración de unas 7 u 8 horas. Luego, hay que estudiar los diferentes tipos de golpes -a lo que sumaremos otras 10 horas-: hay 14 palos con los que se pueden realizar unas 6 ó 7 clases de golpes diferentes, por generalizar un poco, y que requieren una técnica muy particular. A esto hay que añadir las clases teóricas, tanto de juego como de etiqueta, y las salidas al campo para aplicar los conocimientos que uno ha recibido. La otra cara de la moneda es que se puede dominar muy bien la teoría y luego no saber aplicarla en el campo, donde hay que respetar a los jugadores, tener un buen ritmo de juego, intuir cuando se debe dar paso a un grupo, cuando se tiene preferencia y cuando no, cuando se está bien posicionado, etcétera. El fin último es no molestar y evitar provocar un embudo en el campo a causa de la falta de preparación técnica o teórica.




