LA PASIÓN POR LA MONTAÑA Y EL AFÁN POR SUPERARSE DÍA A DÍA LLEVARON A ESTE ALPINISTA CÁNTABRO A CONQUISTAR LA CUMBRE DEL GIGANTE EVEREST UN 27 DE MAYO DE 2000. EL ÉXITO DE LA ASCENSIÓN, CON LA ÚNICA COMPAÑÍA DEL SERPA LACKPA, LE VALIÓ UN SINFÍN DE RECONOCIMIENTOS POR AQUELLOS QUE VIVEN POR Y PARA LA MONTAÑA. SI BIEN ESTE RETO LE DEJÓ MUY BUEN SABOR DE BOCA NO ES MENOS CIERTO QUE NO LE SALIÓ GRATIS, LAS SECUELAS EN ALGUNAS PARTES DE SU CUERPO SE HAN CONVERTIDO EN TESTIGOS MUDOS DE ESTA PROEZA. PERO COMO DICE JUAN CARLOS GONZÁLEZ “EN ALGÚN LUGAR LEÍ QUE UN MONTAÑERO NO HACE UN PARÉNTESIS EN LA VIDA PARA IR A LA MONTAÑA SINO QUE ES LA VIDA MISMA”.
Desde su infancia, su vida ha estado ligada al deporte y la aventura. Dio sus primeros pasos en las montañas próximas a su pueblo, Castro Urdiales, donde nació el 20 de enero de 1952. Al más alto de aquella costa, el monte Cerredo, subió con tan sólo seis años. Conoce esa zona como la palma de su mano. Allí tiene un refugio donde no deja de subir los fines de semana que pasa en casa, para darse un paseo por lo que considera “su monte”. Antes de decidirse por el mundo alpino, Juan Carlos practicó otros deportes como el atletismo y el ciclismo. En los años en que practicó esta última disciplina participó en pruebas como: “Los Tres Grandes” en 6 ocasiones, “La Vuelta a los Picos de Europa” o las “24 horas de Zalla”, de 500 kilómetros de recorrido, empleando 19 horas.
PROYECTO 7 CUMBRES
Con
la experiencia adquirida escalando las montañas citadas, Juan Carlos
González se marcó un objetivo ambicioso; ascender las cimas más altas
de los 6 continentes:
Everest (Asia)
Aconcagua (América del Sur)
Mc Kinley (América del Norte)
Kilimanjaro (África)
Elbrus (Europa)
Monte Vinson (Antártida)
Pirámide de Carstensz (Oceanía)
Año 1999: ACONCAGUA (6.959 metros)
Fue su primera experiencia en la alta montaña, aunque desafortunadamente no tuvo el éxito esperado. Tras varios días de escalada, en los que superó hitos tan significativos como el Semáforo, Plaza Canadá y Nido de Cóndores, al llegar al Berlín tuvo que abandonar la ascensión.
Año 2000: EVEREST (8.848 metros)
Sin tener apenas experiencia en el Himalaya, lo que confiere sin duda un mayor mérito, Juan Carlos González se aventura a escalar este emblemático pico y el 27 de mayo de 2000 hace cumbre en la cima más alta del mundo.
Año 2002: ACONCAGUA (6.959 metros)
En su segundo intento consiguió ascender la montaña más alta de América en solitario. Según sus palabras “Fue una expedición muy rápida, desde que llegué al Parque del Aconcagua hasta la cumbre solo pasaron 7 días. Ascendí en solitario y eso lo hizo todo más duro. Llegué a sentir una sensación de soledad tremenda: Y me propuse no repetir una aventura como aquella sin compañía.”. Este reto lo superó el 12 de febrero de 2002.
Año 2002: KILIMANJARO (5.895 metros)
El Uhuru Peak o Pico de la Independencia, el mítico volcán de Tanzania, fue coronado junto a su amigo de infancia y compañero de multitud de travesías por los Picos de Europa, Claudio Nates, el 7 de diciembre de 2002. Nos comenta Juan Carlos que ésta es una montaña asequible, sin mayores complicaciones. Se asciende por una suave pista aclimatándose hasta llegar al último campo, Kibo. A partir de ahí, aumenta el desnivel pero sin problemas, realmente no es necesaria una gran experiencia en alta montaña para conseguir alcanzar esta cumbre.
Elbrus, techo de Europa, en el Cáucaso central (Rusia)
Año 2003: ELBRUS (5.642 metros)
En el Cáucaso Central (Rusia) se alza el Mingitau o “la montaña sobre miles de montañas” como la llaman los nativos, formando junto a los Montes Urales la frontera natural entre Europa y Asia.
Para esta ascensión se formó un grupo de cinco españoles: Iñigo, Jordi, Piltri, Miriam y Juan Carlos. Juntos consiguieron que el buen ambiente reinara desde el principio de la expedición hasta hacer cumbre todos el mismo día, el 17 de agosto de 2003.
Año 2004: SHISHA PANGMA (8.043 metros)
También llamado Gosaithan, el trono de los Dioses, es la menor de las cumbres que superan los 8.000 metros, y está situado en el Tibet, al norte de Katmandú. Aunque este ocho mil no pertenece al proyecto de las 7 cumbres, Juan Carlos intentó su ascensión sin conseguirlo. La falta de tiempo para llevar a cabo la expedición impidió una adecuada aclimatación por lo que, antes de correr riesgos innecesarios, decidió volver sin cumplir su objetivo.
Año 2005: MC KINLEY (6.194 metros)
El Mc Kinley, la Montaña de Alaska, es para Juan Carlos una de las montañas más bonitas de las que ha subido, aunque también, con diferencia, una de las más frías.
La ascensión fue dura por las bajas temperaturas, pero junto a Jon Goicoechea y Borja Pascual consiguió coronarla.
Año 2006: SHISHA PANGMA (8.043 metros)
Es la montaña que se le ha resistido a Juan Carlos. Dos años después volvió con intención de acabar con lo que antes no había podido ser, pero de nuevo la suerte le fue esquiva. Habían conseguido una buena aclimatación y estaban preparados para atacar la cumbre pero la climatología se complicó en exceso. Después de cuatro durísimos días de mucho frío y escaso alimento, decidieron abandonar y esperar una tercera oportunidad. Como decía Reinhold Messner, “ La montaña está ahí, no se mueve, ya la subiré”.
Año 2007: CHO OYU (8.201 metros)
Su última conquista ha sido esta cima situada en el Himalaya, a 20 kilómetros al oeste del Everest. El Cho Oyu, en tibetano “Diosa turquesa”, la sexta cumbre más alta del planeta, fue alcanzada el 23 de septiembre de 2007.
Cumbre del Kilimanjaro (Tanzania)
Una vez que centró sus esfuerzos en esta nueva etapa montañera, comenzó tomando el pulso a los macizos más cercanos y sus cimas. De Torre Cerrado (Picos de Europa) o el Aneto (en los Pirineos) pasó a coronar otras cotas más ambiciosas enclavadas en los Alpes, los Andes y un largo etcétera. Un viaje que se prolongaría durante años y en el que ascendería varias cumbres de las ya mencionadas y otras cordilleras, entre las que cabe destacar:
Mont Blanc (4.807 metros): pico más alto de Europa occidental, situado en los Alpes entre Francia e Italia. Franke (4.900 metros): uno de los cerros del Cordón del Plata , cerca del Aconcagua, en los Andes. Cho-la (5.420 metros) y Gokyo Peak (5.483 metros): en la cordillera del Himalaya, este ultimo llamado así por el poblado situado a sus pies. Desde su cumbre se puede divisar el Everest, Cho Oyu, Makala, Kumbila y el glaciar de Ngozumpa, entre otros. Cerro El Plata (6.150 metros): en los Andes, a 80 Km. de la ciudad de Mendoza. Suele ser utilizado por los alpinistas como aclimatación para una posterior ascensión al cerro Aconcagua.
Monte McKinley en Alaska (EE.UU.)
PROXIMOS OBJETIVOS:
PIRAMIDE DE CARSTENSZ (4.884m)
En la cordillera de Jayawijaya, región indonesia de Irian Jaya (Oceanía), se encuentra el Pucak Jaya, rebautizada con el nombre del primer occidental en divisarla, el explorador holandés Jan Carstensz en 1623.
En 1962 la escaló por primera vez el alpinista austriaco Heinrich Harrer, famoso por su libro “Siete años en el Tibet”.
MONTE VINSON (4.892m)
Es el techo del continente helado, la Antártida. Se alza sobre la cordillera Sentinel, a una distancia de 1.200 Km. del Polo Sur. La primera vez que se coronó esta montaña fue en 1966 por Nicolas Clinch.
Estas dos expediciones, por su situación geográfica y lejanía requieren un elevado presupuesto, por lo que la consecución de adecuados patrocinadores condicionará el momento en que puedan llevarse a cabo.
El mítico Mont Blanc, en los Álpes
Cho Oyu
La última conquista
La Diosa Turquesa, nombre tibetano con el que conoce al Cho Oyu, se convirtió hace escasamente tres meses en el segundo “ocho mil” escalado por el alpinista y aventurero castreño Juan Carlos González.
Después de conseguir llegar a la cima del mundo en su ascensión al Everest, en mayo de 2000, y de intentar por dos veces en 2004 y 2006 conquistar el Shisha Pangma, en el Himalaya, en esta ocasión se puso por objetivo el Cho Oyu, la sexta cumbre más alta del planeta (8.201 metros).
La expedición estaba compuesta por cinco miembros: Alfredo García de Logroño, Javier Txikon de Meñaka (Vizcaya), Santiago Martín de Badajoz, Xavier Alzola de Vitoria y Juan Carlos González de Castro Urdiales.
Para que me cuente su aventura, me cito con Juan Carlos y amablemente me recibe en su casa.
CAC.: ¿Cuándo comienza la expedición y cómo fue el proceso de aclimatación?
JCG. Salimos de España hacia Katmandú (Nepal) el 24 de agosto de 2007 y tres días después, partimos por carretera con dirección al Tibet. El primer paso hacia el Cho Oyu fue Nyalam (3.750 metros). Aquí empezamos a aclimatar (un elemento básico para cualquier ascensión de alta montaña, y más si hablamos del Himalaya, donde la altitud supera los 8.000 metros y aclimatarse bien es una de las bases para lograr el éxito).
Este requisito nos llevó, aproximadamente, tres semanas desde el inicio de la expedición hasta la cumbre del Cho Oyu. En Nyalam hicimos una ascensión hasta los 4.600 metros y continuamos con otras dos de 5.000 metros en la localidad de Tingri.
El día 31 de Agosto llegamos al Campo Base Chino (5.000 metros), sin dejar de hacer ascensiones, en este caso hasta los 5.800 metros.
Después de pasar por el Campo Base Intermedio (5.400 metros), llegamos el 3 de septiembre, al Campo Base Avanzado.
Una vez aquí, nuestro objetivo era subir a los campos de altura para instalar dos campamentos, para no tener que cargar con demasiado peso en la ascensión, ya que no habíamos contratado ni porteadores ni sherpas. El trabajo fue duro y conseguimos tener montados los campos de altura I y II el día 14 de septiembre. La aclimatación estaba siendo perfecta y nos faltaba muy poco para dar el salto final y ascender a la cumbre.
CAC. Durante este tiempo de aclimatación, ¿Qué es lo más importante?
JCG. En una expedición de este tipo es fundamental el grupo humano que la forma, la convivencia y el compañerismo. Fueron muchas horas muertas las que pasamos en los distintos campos, y tener un buen ambiente con los compañeros en esos días de espera es fundamental y, a la vez, complicado.
En nuestro caso no hubo mayores problemas, ha sido una de las expediciones en las que he participado con mayor unión y compenetración entre todos. Sabes que dependes de tus compañeros, se toman decisiones importantes en segundos y en situaciones extremas (ventiscas, frío, pasos arriesgados), que hay que afrontar con todas las consecuencias y que afectan a toda la expedición. Debes estar fuerte mentalmente, la preparación psicológica es tan importante o más que la física, la moral alta en una ascensión es básica para lograr el objetivo.
CAC. ¿Cuándo y cómo tomáis la decisión de subir?
JGC. Después de haber pasado cinco noches en los campos de altura I y II volvimos al Campo Base Avanzado para descansar unos días, comer bien e hidratarnos lo suficiente como para afrontar el esfuerzo que iba a suponer la ascensión. El campo II, desde donde íbamos a salir el último día, estaba a 1.150 metros de la cumbre.
Ahora tocaba decidir, en función de la climatología, el día más propicio para hacer cumbre. Teníamos previsiones de otras expediciones comerciales y aunque no eran del todo fiables, salimos el mismo día que una expedición de Singapur.
CAC. ¿Cómo fue la ascensión?
JGC. Salimos del campo II (7.075 metros) a las 2.00 H de la mañana, el frío era muy intenso pero no tuvimos mayores problemas y subimos a buen ritmo hasta que llegamos al campo III, de donde había partido la expedición de Singapur.
Allí descansamos durante unos minutos, comimos y tomamos líquido para hidratar el cuerpo todo lo posible, y sin más reanudamos la marcha hacia la cumbre.
Por encima de nuestra posición veíamos las luces de otros frontales, eran dos italianos y Javier Campos, un amigo, que habían salido del campo con unas dos horas de antelación sobre nosotros. Conseguimos ponernos a su altura después de superar una zona mixta de hielo y roca, colocando unas cuerdas fijas para ascenderlo. Pasado ese difícil tramo continuamos a buen ritmo, pero la climatología se complicaba a medida que ascendíamos y a falta de unos 200 metros para la cumbre comenzó una fuerte ventisca.
El grupo que iba por delante, en el que estaba Xavi Alzola, decidió continuar hacia la cumbre, y cerca de ellos, a unos 10 minutos, íbamos Alfredo García, Javier Campos y yo. Nos encontramos en ese momento en una zona de sombra, el frío era muy intenso y sabíamos que la ventisca nos podía provocar congelaciones, así que optamos por esperar a que saliese el sol. Después de 40 minutos de descanso, con el cuerpo más caliente y en mejores condiciones, reanudábamos la marcha hacia la cumbre.
El fuerte viento había borrado las huellas dejadas en la nieve por el grupo que iba más adelantado que nosotros, lo que nos obligó a aumentar el esfuerzo en la ascensión final y, por fin, llegamos a la cumbre del Cho Oyu a las 14h10 (hora china).
Me abracé a Alfredo y Javi, después a Xavi Alzola, que había llegado antes que
Vista del Cho Oyu desde el Campo Base Avanzado. 5.750 m.
En pleno ascenso a la cumbre
En la expedición para ascender al Cho Oyu no contrataron porteadores
Subiendo al Campo II
nosotros junto a dos italianos que conocimos en el campo base. No habían pasado muchos minutos cuando llegó Santiago Martín, nos fundimos en otro abrazo y celebramos juntos el éxito de la expedición, lo habíamos conseguido los cinco.
Durante media hora, aproximadamente, grabamos en video la panorámica general, con el Everest de fondo, y nos hicimos unas fotos. Yo con mis inseparables banderas de Castro Urdiales y Cantabria. En ese momento piensas que todo el esfuerzo ha merecido la pena.
CAC: ¿En algún momento de la ascensión fue necesario usar el oxigeno?
JCG: No, en el Cho Oyu, a diferencia del Everest, no necesitamos oxigeno artificial, son 800 metros menos y eso se nota mucho. La aclimatación en las 2 cumbres la hicimos correctamente, pero el Everest tiene casi 9.000 m, y en esas alturas la diferencia entre una y otra es abismal.
CAC.: ¿Tuvisteis alguna complicación en el descenso?
JCG. Comenzamos a bajar todo el grupo porque queríamos llegar al campo II de donde habíamos salido ya hacía 13 horas. Salvo el frío que hacía, el descenso estaba siendo perfecto. Pero todo se complicó cuando llegamos a la zona de hielo y roca. Para continuar el descenso había que rapelar con las cuerdas fijas que había ya colocadas, pero nos encontramos con la expedición de Singapur, que estaba estancada hacía tiempo.
No conseguíamos avanzar y nuestra desesperación iba en aumento, la altitud era de 7.800 metros y comenzaba a oscurecer. Si nos alcanzaba la noche tendríamos que vivaquear y me preocupaba seriamente el estado de mis manos. Pero por fin, después de tres interminables horas, conseguimos pasar todos y continuamos el descenso hacia el campo II, del que nos separaba unos 700 metros de desnivel. Era de noche y gracias a las luces de los frontales llegamos a las tiendas del campo II a las 22h30.
CAC: ¿Hubo daños con secuelas en algún expedicionario?
JCG: De los 5 compañeros que formábamos la expedición, y el otro alpinista de Granada que se nos unió para hacer cumbre, 3 de ellos bajaron con congelaciones. La ventisca en la cima y el tiempo que perdimos en la bajada por la expedición de Singapur provocaron ciertas lesiones , que afortunadamente no fueron tan graves como las mías del Everest.
Según me dijeron, de los que suben al Cho Oyu, entre un 40 y un 50% sufren congelaciones. En nuestro caso, este alta porcentaje no se cumplió y tampoco fueron excesivamente graves. Al regresar a España tuvieron que estar una semana en el hospital de Zaragoza (yo estuve dos meses) y volver al cabo de un tiempo para quitar el tejido muerto y comprobar que no hay secuelas.
CAC: ¿En qué pensaste cuando conseguiste alcanzar la cumbre del Cho Oyu ?
JCG: La familia es lo primero que te viene a la cabeza en un momento así. Por supuesto se lo dediqué a todos ellos, sin su apoyo seria imposible cumplir retos como éste. Y a toda la gente que te quiere, amigos de la infancia y algunos que ya no están.
CAC: ¿Qué otras ayudas tuviste para llevar a cabo tu aventura?
JCG:No quiero olvidarme de mis patrocinadores: Alumeka, Ashland y Eroski de Castro Urdiales. Gracias a su colaboración económica he conseguido el segundo “ocho mil”de mi carrera.
La mítica cumbre del Everest (en nepalí Sagarmatha o La Frente del Cielo) fue conquistada el 27 de mayo de 2000 por Juan Carlos González con la única compañía del sherpa Lackpa, convirtiéndose así en el primer cántabro en lograr ascender la cima más alta de la Tierra, con 8.848 metros de altitud, y el quinto alpinista español que lo consigue por la cara norte.
Fue la gesta de un aficionado a la montaña cuya única pretensión era medir sus fuerzas con la naturaleza en estado puro. La pasión y la valentía de este aventurero castreño puso en entredicho a otras expediciones que con enormes presupuestos no consiguieron el objetivo de llegar a la cima del Everest.
Un logro que sólo está al alcance de unos pocos elegidos y por el que Juan Carlos tuvo que pagar un alto precio, la montaña “se quedó” con siete falanges de los dedos de sus manos. Era el tributo de una aventura tan arriesgada como exitosa.
A la enorme recompensa personal del trabajo bien hecho y la posibilidad única de divisar el mundo desde su punto más alto hay que añadir el premio de la Sociedad Geográfica Española al “Viaje del Año 2000” otorgado a Juan Carlos González por su hazaña en el Everest.
EXPEDICIÓN AL HIMALAYA
CAC. ¿De qué manera se ha preparado para afrontar este reto?
JCG. He practicado ciclismo durante casi veinticinco años y eso me ha proporcionado el fondo físico necesario para resistir las duras jornadas que requiere el ascenso a grandes montañas. Además de ir casi todos los fines de semana durante años a Picos de Europa y Pirineos junto a los viajes que he hecho a los Andes, Alpes, etc, unos cinco meses antes de ir al Everest comencé un entrenamiento diario que consistía en hacer footing y ascender cumbres cercanas. Una semana antes de partir hacia Katmandú dejé de realizar estos ejercicios para coger más peso. Es en Nepal donde continúo con el treking de aclimatación y llega un momento en el que las facultades están casi al cien por cien. Aparte de la preparación física hay otro factor importante que no se suele tener en cuenta que es la preparación psicológica para la que cada uno puede utilizar su propia estrategia, en mi caso hacía ejercicios mentales para concienciarme de que mi estancia en el Himalaya sería larga y agotadora. La comunicación con el exterior es primordial al estar muy lejos de la familia y pasar mucho tiempo de espera, así que mediante un teléfono vía satélite (casi todas las expediciones tienen uno) nos poníamos en contacto con nuestros familiares, era como volver a casa de inmediato.
CAC. ¿Cómo fue el comienzo de la expedición?
JCG. Partimos hacia el Himalaya con la intención de vivir una bonita experiencia en la montaña más alta del planeta con pocos apoyos logísticos pero con la ilusión y la preparación necesarias para un reto de esta envergadura. La expedición duró dos meses y para poder llevarla a cabo solicité un mes de vacaciones más otro de permiso sin sueldo. El apartado económico fue muy complicado de solucionar ya que sólo tuve el apoyo del Ayuntamiento de Castro Urdiales y del Gobierno de Cantabria, no conté con la ayuda de ningún patrocinador. Compartíamos permiso con una expedición vasca compuesta por Guillermo Bañales, Angel Navas, Iosu Feijoó y Edurne Pasaban, el alpinista asturiano Cipri López, los italianos Mario Merelli y Silvio Mondinelli y el argentino Gustavo Lisi (triste protagonista por el robo de las fotos de la cumbre).
CAC. Una vez allí, ¿en qué consiste el período de aclimatación?
JCG. Creo que para el éxito de esta aventura es fundamental y quizá lo más importante. Durante doce días comenzamos la aclimatación con un treking en la zona nepalí en la que íbamos ascendiendo progresivamente hasta alturas que rondaban los 4.000 metros. Regresamos a Katmandú para iniciar la aproximación al Campo Base chino del Everest (5.200 metros) y de ahí continuamos la progresión hasta el Campo Base Avanzado (6.400 metros) en el que pasamos la mayor parte de la expedición, cuarenta y cinco días. Sólo nos restaba ascender hasta el Campo de Altura I (7.100 metros) y el Campamento II (7.800 metros). En este punto de la ascensión la altitud era ya importante y nuestros cuerpos empezaban a sentir el esfuerzo acumulado, después de llegar a cada Campamento de Altura volvíamos al Campo Base Avanzado para descansar lo máximo posible. Es en el Campamento III (8.300 metros), última fase antes de la subida, donde decidimos cuál es el momento más adecuado para intentar llegar a la cumbre. Una vez que el periodo de aclimatación concluye son la climatología y la suerte las que decidirán el éxito de la expedición.
ASCENSIÓN HASTA LA CUMBRE
CAC. ¿Qué criterios tienen en cuenta para iniciar el ascenso?
JCG. Ante la imposibilidad de coincidir toda la expedición en el Campo III se tomó la decisión de hacer dos grupos, mientras que el primero intentaba llegar a la cima saliendo del mismo, el segundo grupo, al que yo pertenecía, esperaba a 8.000 metros en el Campo II a que hiciesen cumbre nuestros compañeros para realizarlo. Pero hubo un cambio meteorológico muy brusco y tuvieron que abandonar y regresar al Campo Base Avanzado, al que también descendí al día siguiente después de pasar una noche más esperando una mejora climatológica que no llegó. Esto me sirvió para mejorar más la aclimatación y reponer las fuerzas y el ánimo de cara al último intento que junto a la previsión del buen tiempo para los próximos días me ayudaron a tomar la decisión.
CAC. ¿A qué hora salieron hacia la cumbre?
JCG. Junto con mi serpa Lackpa y el argentino Gustavo Lisi inicié la ascensión al Campo I el 23 de Mayo donde pernoctamos durante dos noches a causa del mal tiempo. El día 25 subimos al Campo II y a la mañana siguiente hasta los 8.300 metros, donde estaba situado el Campo II. Esta era nuestra última estación antes del asalto final a la cumbre. Por medio del “talkie” nos pusimos en contacto con nuestros compañeros del Campo Base Avanzado para comunicarles nuestra situación y la intención de salir hacia la cima. El tiempo mejoró sensiblemente esa tarde y no quisimos esperar más, a la 1h30 de la madrugada salimos Lackpa, el argentino Gustavo Lisi y yo hacia la cumbre (en mi opinión muy tarde, yo hubiese salido a las 11:30).
CAC: ¿Tuvieron que usar en algún momento el oxígeno artificial?
JCG: A la media hora del inicio Gustavo se dio la vuelta y regresó a la tienda, era el momento en que nosotros dos llegábamos a los primeros corredores antes de alcanzar la arista cimera y tomamos la decisión de utilizar el oxigeno para subir más cómodos evitando riesgos innecesarios. Mi objetivo era subir para luego poder bajar así que, aunque iba a tope de fuerzas, no quise exponerme.
CAC. ¿Hay muchos tramos de escalada en la parte final?
JCG. Al salir el sol llegamos al primer escalón, una pared de roca que subimos con las cuerdas que hay allí fijas. Eran de años anteriores e intentamos coger las más nuevas. Una vez superado éste y el segundo escalón (zona mixta de hielo y roca) te encuentras con la famosa escalera metálica de unos 10 metros, que está sujeta con cuerdas. Está bien asegurada y la superamos sin excesiva dificultad. Pero aún estaba por llegar el peor momento de la ascensión, fue después del tercer escalón, en la pirámide de hielo que te lleva hacia la cumbre, ya que había nevado mucho y las cuerdas fijas para superarlo estaban tapadas, intentamos desenterrarlas pero fue imposible por lo que Lackpa me comentó la necesidad de dar la vuelta.Conseguí convencerle para continuar, el paso fue arriesgado, pero con mucha precaución y un poco de suerte, que siempre es necesaria, superamos el tramo. La cima ya estaba muy cerca, sólo restaba una pala de hielo y tras ella, a las 13h20 hora nepalí, llegué a la cumbre del Everest: el techo del mundo.
La sensación es increíble, creo que no puede haber nada que lo iguale, tienes el Himalaya a tus pies.
CAC. ¿Consiguió llegar Lackpa, el serpa?
JCG. Sí, pero al cabo de unos minutos, mientras tanto me dediqué a buscar el trípode metálico que habían instalado los chinos en la cima, me despisté un segundo y resbalé pendiente abajo. ¡Pensé que era el final!, qué injusticia después de tanto esfuerzo. No conseguía frenar hasta que dos rocas me detuvieron, clavé el piolet y me aseguré de estar a salvo. Regresé a la cumbre donde estaba ya Lackpa, y nos dimos un gran abrazo con fuerza después del susto que me llevé. El tiempo corría en nuestra contra y no podíamos entretenernos, así que hicimos las fotos de rigor e iniciamos el descenso.
LA NOCHE A 8.600 METROS
CAC. Comienzan a bajar y llega la famosa noche, ¿por qué se complicó tanto?
JCG. La caída de la cima me afectó mucho psicológicamente durante el descenso, bajaba con más precaución y sin darme cuenta Lackpa se distanció de mi posición. Me encontraba en una arista a 8.600 metros, la niebla y la noche avanzaron con rapidez y la visión era muy escasa. Era el momento de pensar bien qué hacía, si continuaba mi vida corría un grave peligro y si me quedaba a vivaquear a esa altitud el riesgo de congelación era evidente. La coordinación a esa altitud no es la misma y bajar con una visibilidad tan reducida era una temeridad, si te caes bajas 2.000 metros de golpe. Fue entonces cuando tomé la decisión de parar y pasar allí la noche (hoy en día no me arrepiento de ello).
CAC. ¿Qué medios tenia para protegerte del frío?
JCG. En la zona donde me encontraba no había donde protegerme así que hice un pequeño agujero en el hielo y entre dos rocas pequeñas me arrinconé como pude, me metí en una funda de vivac y me cubrí con las banderas de Castro Urdiales y Cantabria (las lleva a todas las expediciones). No eran el mejor equipo para una noche a 8.600 metros de altura pero seguro que algo ayudaron. Intentaba moverme algo y no dormirme para evitar la congelación pero el cansancio hizo mella y no pude evitarlo.
CAC. ¿Sentía dolor?
JCG. No, en ningún momento, no tenia dolor ni sensación especial alguna, no me enteré de nada hasta que me desperté. Lo que sí pensaba es que al dormir a esa altura algún dedo del pie o de la mano se congelaría pero nunca en la posibilidad de morir, yo no me iba a quedar allí. Desde luego la situación era complicada, no me quedaba oxigeno artificial, las pilas del “talkie” se congelaron y tenía que dormir sin tienda a 8.600 metros, pero nunca perdí el optimismo.
CAC. ¿Qué ocurrió al despertar?
JCG. A las 4h30 comenzó a clarear, me desperté y no tenia ninguna secuela física o eso pensaba yo, me encontraba bien. Con la luz del día recogí mi equipo y empecé a bajar. Los escalones tercero y segundo los superé sin mayores dificultades, pero en el rapel del primero me di cuenta que las manos estaban tocadas. Solté la cuerda y las manos se cerraban solas, las abría de nuevo con dificultad y otra vez se volvían a cerrar, pero tenia que seguir bajando, no me podía quedar allí. Psicológicamente fue duro hasta llegar al Campo III, donde me di cuenta de la situación real. Las manos estaban congeladas y tenía una marca hasta la mitad de la palma y la diferencia de color era evidente. Al menos había conseguido salvar la vida, que era lo principal. En los pies tampoco había sufrido congelación alguna.
(En ese momento se levanta y me enseña una fotografía, en otras muchas de la ascensión, de tamaño póster enmarcada, es la parte final de la cara norte del Everest y muestra la zona (a 8.600 metros) donde tuvo que vivaquear. Todas sus grandes hazañas en la montaña están reflejadas en cientos de fotos repartidas por todo el salón de su casa).
CAC. ¿Cuándo llegó al Campo III el serpa de la expedición?
JCG. Llegué a duras penas hasta la tienda, el argentino Gustavo Lisi me ayudó a quitarme la mochila y la cámara de fotos (fue entonces cuando aprovechó para robarme el carrete de la cumbre) y avisté a Lackpa, que aunque consiguió llegar la noche anterior tenía síntomas de edema cerebral. Estábamos los dos en muy malas condiciones y el argentino me dijo que se bajaba al Campo II, nos abandonó a nuestra suerte. No tuvimos más remedio que unir las pocas fuerzas que nos quedaban y descender hasta el Campo II y continuar exhaustos hasta el Campo I, donde llegamos con la ayuda final del italiano Silvio Mondinelli, que apareció de entre la niebla con té caliente y agua. Nos fundimos en un abrazo y lloramos por la emoción del momento. Por fin, y después de quince interminables horas de descenso, recorrimos el tramo final con el apoyo del otro italiano y dos serpas hasta el Campo Base Avanzado.
CAC. ¿Qué pasó entonces con las fotos da la cumbre?
JCG. Desaparecieron junto con Gustavo Lisi. Durante años intenté localizarlas de forma infructuosa, hasta que después de innumerables gestiones y la colaboración de muchas personas conseguí las copias de una filmación (la primera foto del inicio del reportaje forma parte de ésta). A pesar de que en aquellos días se escribieron muchas mentiras sobre mi ascensión, al final se demostró que la verdad y la perseverancia son más fuertes que la mala intención de intenta cambiar el transcurso de los hechos.
CAC. ¿Cómo se recuperó de las heridas?
JCG. Cuando llegué a España estuve dos meses ingresado en el hospital de Zaragoza (del 1 de junio al 27 de julio). Las heridas tardaron practicamente un año en curar porque se volvían a abrir, hasta que en diciembre de 2001 me operaron por última vez y en febrero de 2002 me fuí a la Aconcagua, este fue mi primer contacto con la montaña desde la expedición al Everest.
CAC. ¿Ha sido la ascensión más difícil de todas las que ha hecho?
JCG. Si, el Everest requiere de una mayor preparación y aclimatación que en las otras. Además, las secuelas físicas que tuve demuestran que esta cima es especialmente dura y complicada. Muchos me preguntan qué es lo que cambiaría si volviera al Everest y yo creo que mi único error fue salir demasiado tarde del Campo III para alcanzar la cima. En cualquier caso, no me arrepiento de haber ido y de haber tomado la decisión de vivaquear.
Desde su infancia, su vida ha estado ligada al deporte y la aventura. Dio sus primeros pasos en las montañas próximas a su pueblo, Castro Urdiales, donde nació el 20 de enero de 1952. Al más alto de aquella costa, el monte Cerredo, subió con tan sólo seis años. Conoce esa zona como la palma de su mano. Allí tiene un refugio donde no deja de subir los fines de semana que pasa en casa, para darse un paseo por lo que considera “su monte”. Antes de decidirse por el mundo alpino, Juan Carlos practicó otros deportes como el atletismo y el ciclismo. En los años en que practicó esta última disciplina participó en pruebas como: “Los Tres Grandes” en 6 ocasiones, “La Vuelta a los Picos de Europa” o las “24 horas de Zalla”, de 500 kilómetros de recorrido, empleando 19 horas





