¿Las mejores olas? Las quiero coger mañana. JESÚS FIOCHI

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Entrevista a Jesús Fiochi. Precursor del Surf en Cantabria.
En una entrevista que un reportero de TVE le hizo a Jesús Fiochi en 1971, año que se alzó con el campeonato de España, le preguntaron qué era lo que tenía el surf -pues en aquellos tiempos eran pocos los que habían oído hablar de este deporte-, y su respuesta fue: “Si el hombre pudiese volar, nadie cogería olas”. Esta frase narra mejor que cualquier otra explicación racional ese cúmulo de sensaciones que sólo los apasionados del surf sienten en sus carnes cuando se deslizan por las olas. España descubrió esta disciplina cuando este cántabro, que siempre ha guardado una estrecha relación con el mar, apareció subido a una tabla surfeando en las aguas del Sardinero. Antes, nada de nada.

El prólogo de la historia del surf en España se escribe en Cantabria, y Jesús Fiochi es su protagonista. Es conocido por muchos la procedencia de la primera tabla que surcó las costas del Cantábrico. Fue un chaval de 20 años el que, después de visionar un reportaje de surf en el ya desaparecido cine Koska de la capital cántabra, se las ingenió para comprar una tabla en Francia y así poder emular a los surfistas que había visto en esas proyecciones, pero no en Wakiki (Hawai), no hacía falta irse tan lejos, sino en la tierra que le vio nacer, en Santander. Esa primera tabla, de unos 3 metros y 18 kilos de peso, que un joven Fiochi mandó traer del país vecino, realizó su viaje inaugural en el autobús del Racing del Santander en 1964. A partir de entonces, este deporte o “forma de vida”, como lo define Fiochi, comenzó a abrirse camino por Asturias y el País Vasco hasta llegar a convertirse en lo que es hoy: Una disciplina con muchos adeptos repartidos a lo largo y ancho de España.

Cuenta Jesús Fiochi que empezó a hacer surf en solitario, y que no fue hasta un año después cuando otro mítico del surf cántabro, José Manuel Merodio, se echó al agua. La explicación hay que buscarla en una leyenda urbana que corría por aquellos años que sostenía cómo él había borrado con tinta china una inscripción impresa en la tabla en la que se podía leer su lugar de procedencia. “Debo decir que esa leyenda urbana es absolutamente cierta, Conté que la había comprado en Australia, que era el lugar más lejano que había, para librarme de posibles aglomeraciones”, reconoce Jesús Fiochi. Fue, una vez descubierta esta ‘mentira piadosa’, cuando se empezó a ver a más gente en el agua con esas tablas de procedencia francesa.

Hasta que se descubrió el pastel, los que practicaban algo parecido al surf lo hacían en lo que se conocía como Plankins, que eran tablas afinadas de contrachapado con un poco de curvatura y en las que se iba tumbado, parecido a lo que se hace hoy con el paipo. “Entonces era muy típico en Santander, yo me había metido con estas tablas desde los 12 años, pero te limitabas a bajar olas grandes en posición horizontal, nada más”, recuerda.

La gente de Santander no era ajena al hecho de que en la playa hubiera unos chavales que se dedicaban a bordear las olas sobre una tabla. En aquellos años, cuando Fiochi o Merodio se metían en las aguas del Sardinero para surfear, un montón de curiosos les observaban desde los jardines de Piquio y la explanada del Rhin. “Era algo que no se entendía muy bien, pero la gente se divertía. No había mala prensa”, advierte.

El surf, entonces, se vivía de otra manera. La mayoría de los que lo practicaban eran casi todos de un grupo de ex nadadores entre los que estaban Carlos Beraza, José Manuel Merodio, los hermanos José Manuel, Rafa y Jesús Fiochi y Leo Ibáñez. Era un grupo de amigos que se desplazaba en coche para coger olas en otras playas. Cruzarse en aquellos años con otros coches o furgonetas que iban hacer lo propio era bastante complicado, y cada vez que ocurría se producía un intercambio de información sobre cuáles eran las mejores olas de la zona para surfear. “La información que intercambiábamos era para que los extranjeros que venían a surfear a Santander tuvieran otras opciones por si en el Sardinero no había olas, así que les mandábamos a Liencres, Somo o Laredo. Había un intercambio muy entusiasta”, afirma Fiochi.

Más tarde llegarían los viajes en busca de nuevas olas. Francia era el destino preferido en aquellos años por la calidad de sus olas, por estar a la cabeza del surf en Europa y, como consecuencia, porque había ya una industria montada alrededor de este deporte. También estaba la isla de Jersey (territorio británico), lugar en el que Jesús Fiochi logró la sexta posición en el Campeonato de Europa. Pero el destino que se llevaba la palma era la architelevisiva California, desde donde comenzó a extenderse la práctica del surf a todos los rincones del planeta. Siempre se ha dicho que lo que pasaba allí se ponía de moda en EEUU y, más tarde o más temprano, en el resto del mundo. Cuando contaba con unos 38 años, Fiochi también sucumbió a los encantos de este paraíso estadounidense y se presentó en las playas californianas en compañía de tres amigos “a pasarlo bien y a hacer surf, sin otra intención”, comenta. El resultado fue del todo positivo, incluidos los 60 kilos de equipaje que trajeron a la vuelta entre tablas, trajes y demás souvenirs.

Materia prima
Los materiales que se usaban para fabricar el equipo que se llevaba el surfista al agua  eran básicamente los mismos que ahora. Si bien los antiguos hawaianos hacían sus tablas con madera maciza, y de una longitud entre 1.20 y 4 metros, lo normal era fabricarlas de espuma de poliuretano por dentro y varias capas de fibra de vidrio por fuera, eso sí, más pesadas y de mayor longitud que las actuales.

El invento, como es conocido en España, representó una innovación importante en la práctica del surf, pues evitaba tener que nadar largas distancias cuando se perdía el contacto con la tabla. Aunque fue posterior, su entrada en España también tiene algo que ver con un grupo de surferos cántabros, entre los que se encontraba Jesús Fiochi. Todos los que asistieron a un campeonato de Europa celebrado en la localidad francesa de Biarritz lo descubrieron al mismo tiempo al observar atónitos cómo los participantes tahitianos se amarraban las tablas al tobillo, al verlo alguien soltó la conocida expresión:”Qué invento”, y con ese nombre ha llegado hasta nuestros días. Concretamente esa frase la acuño Pedro Rodríguez Paredes, miembro de la expedición cántabra.

En cuanto al traje, menciona Fiochi que la primera vez que se metió al agua con uno prestado sus movimientos en la tabla eran bastante limitados, lo normal teniendo en cuenta que era para bucear. No había otra cosa mejor a mano. La situación cambió radicalmente cuando se compró su primer traje de surf, de la marca O’Neill, quedando impresionado “al ver que podía correr y moverme con soltura”. Ya se sabe que sin traje, la temporada para surfear se limita a la época estival.

“La tendencia en las tablas ha sido la de ir acortando su longitud, se han hecho más pequeñas y más ligeras. De hecho, esto ha provocado una evolución en cuanto a las maniobras que empezó a realizar la gente. En mi época estabas muy limitado por el material, sin embargo ahora tengo una tabla de carbono que pesa cinco kilos. Yo siempre he tenido dos o tres tablas que usaba en función del tamaño de las olas, luego están los especialistas que pueden tener un reparto de tablas de entre 12 y 14”, comenta Jesús Fiochi. En definitiva, lo que realmente supuso un salto cualitativo en la práctica del surf fue la longitud de las tablas y “también la preparación física”, añade.
No es de extrañar, entonces, que Fiochi realice ejercicios todos los días, nade un kilómetro y cuide las comidas. Aunque venga muy bien para la salud, reconoce que todo lo que hace está enfocado absolutamente para poder hacer surf. “Eso sí, lo hago de forma continua, tanto si cojo olas como si no, porque puedes estar sin coger olas 20 días y de repente en una semana hacerlo tres o cuatro veces”, asegura. Esto lo dice alguien que pasa un tercio del año metido en el agua esperando la ola.

Los precursores
Hace un par años se organizó en Sopelana una fiesta para homenajear a todos aquellos surfistas que lo han sido todo en el mundo del surf, no tanto por las medallas como por su contribución a lo largo de muchos años. Jesús Fiochi era uno de ellos. Aunque siempre hubo quienes apuntaban hacia José Luís Elejoste como el introductor del surf en España, aquel día quedó claro, incluso por boca del propio Elejoste, que la paternidad correspondía a Fiochi. “Aquella reunión fue muy agradable para mí. Me encontré con muchos amigos de la época y fue muy gratificante que se me considerara el precursor del surf en España. Este reconocimiento en terreno contrario tiene mucho significado, y ahora más que antes porque con el tiempo le ha dado mucha más importancia”, recuerda. Él lo resume de la siguiente manera: “Cuando voy a la playa y me meto en el agua con otros 60 surferos, les miro y me digo: estos son mis hijos”.

Si hay algo que diferencia, para Jesús Fiochi, al surf de otros deportes es que éste trasciende a lo meramente deportivo, y así lo siente: “La gente del surf, tanto si lleva 45 años, como es mi caso, como dos meses, son entusiastas, les encanta. Es una forma de vida, no es sólo un deporte o una ocupación. Esto ha sido una constante toda mi vida”.

Su pasión por el surf se puede simplificar en la respuesta que da cuando le preguntan por sus mejores olas: “Las que quiero coger mañana”. Toda una vida en muy pocas palabras. Por los siglos de los siglos.