Cantabria, cuna española del surf

Imprimir PDF

El surf en España comenzó a principios de los años sesenta en Cantabria y Asturias, procedente de Biarritz (Francia), para seguidamente extenderse al País Vasco. A principios de los setenta, las playas de Sopelana, Somo, Bakio y Zarauz se convirtieron en las principales zonas del país para la práctica del surf, siendo sus pioneros surferos como Fiochi, Merodio, Dourdill, Susaeta, Beraza o Escauriaza, por citar los más relevantes. Ya a finales de los setenta, el País Vasco era la comunidad que contaba con el que mayor número de surferos. A comienzos de los ochenta, el surf empezaría a extenderse hacia las costas de Galicia y Cádiz.


Tal fue el auge que experimentó este deporte que en 1987 no sólo existían ya algunas tiendas dedicadas a la venta de artículos relacionados únicamente con el surf, sino que apareció la primera revista nacional especializada: Tres60. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y tanto el número de surferos como de tiendas y publicaciones se ha multiplicado de forma espectacular.

La zona norte siempre ha sido el destino preferido por la mayoría para coger olas, pasando por Mundaka y siguiendo la ruta del Cantábrico hacia Portugal. Cantabria y Asturias comparten aproximadamente 1000 kilómetros (PREGUNTAR, PERO PUEDE SER) de abrupta costa, litoral desde donde se vislumbra la Cordillera Cantábrica, en la que destacan los impresionantes Picos de Europa. Las marejadas de Norte a Oeste entran consistentes y poderosas, y toda la zona es frecuentada por surferos locales, pero sin alcanzar la masificación del País Vasco, donde las sugerentes fotos de Mundaka y de Meñakoz publicadas en las revistas surferas internacionales, han atraído un sinnúmero de visitantes. El accidentado perfil litoral proporciona numerosos spots escondidos y calas protegidas, que se mantienen solitarias siempre que estén fuera de las aglomeraciones urbanas. Hoy en día, el surf se practica incluso en el Mediterráneo: Málaga, Valencia, Cataluña....

Las particularidades climatológicas del norte de España hacen de esta zona la más adecuada para la práctica del surf, siendo la zona más húmeda, fría y ventosa del país. Las cordilleras del norte provocan la descarga de las precipitaciones procedentes de los frentes Atlánticos y separan esta zona del resto del país. También es la zona más expuesta a las marejadas.

SURF EN EUROPA
Si bien es cierto que en Reino Unido existe una escena surfera desde los años 30 (que decayó tras la Segunda Guerra Mundial) y que hay antecedentes de experimentos protosurferos en varios países de Europa, es indudable que la tabla de Peter Viertel (recientemente fallecido a la edad de 86 años) y el impacto en un grupo de jóvenes franceses (Moraiz, Barland, de Rosnay...) marcó una historia del surf europeo que dura hasta ahora y además enlaza con la historia del surf en España (la tabla pionera del cántabro Jesús Fiochi, que vino de Biarritz).

La historia oficial se sitúa en el verano de 1956 cuando un equipo de cineastas estadounidenses se trasladó a Francia para rodar Fiesta, basada en la célebre novela de Hemingway y dirigida por el californiano D. Zanuck. Y fue el guionista de la misma, Peter Viertel, el que se vino con una tabla bajo el brazo. Fueron Zanuck y Viertel quienes invirtieron muchas horas en surfear en la playa Côte des Basques, cuyas olas les parecieron muy similares, incluso mejores, que las de las costas de California donde el surf estaba ya arrasando entre los más jóvenes. Aquel verano no sería el último para los californianos, que encontraron unas playas perfectas para la práctica de su deporte favorito. Y tras ellos vinieron muchos más entusiastas del deporte hoy extendido. En 1957 había ya un grupo de asiduos en las playas de Biarritz donde, un año después, un avispado emprendedor llamado Michel Barland se lanzó a la fabricación de tablas, primero en madera, luego en resina. 48 años después, la empresa Barland sigue fabricando tablas para los gustos más exigentes.