"RECORDANDO EL PASADO" Rallyes de Regularidad para Clásicos.

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CRONOaventura nº 6

 

TEXTO:  JOTA

 

Cantabria siempre ha tenido una gran afición al automovilismo deportivo y, en especial, a los rallyes. Sus carreteras, con una gran profusión de puertos de montaña -con trazados realmente sinuosos- y una climatología en la mayoría de las veces adversa, han favorecido la aparición de grandes pilotos. Muchos de ellos han logrado tener una proyección nacional, y como todos conocemos, incluso internacional, en la figura de Dani Sordo.

 

De unos años “para acá”, y con el creciente gusto por lo antiguo y lo clásico, se han comenzado a realizar por las carreteras de nuestra tierra los denominados Rallyes de Regularidad para vehículos clásicos.

Y ¿qué es un rallye de regularidad para clásicos? se preguntaran los no iniciados en esta espectacular y bella disciplina deportiva. Una prueba en la que la organización entrega a los participantes un rutómetro - que va indicando el itinerario a seguir - y un carné de ruta, con el cual hemos de calcular la hora de salida en cada uno de los tramos de regularidad.

En el recorrido nos encontraremos con tramos de enlace y tramos de regularidad. La organización establece una serie de controles de paso en los cuales se nos pedirá el carné de ruta para su sellado, obligando a que todos los equipos realicen la ruta establecida. Pero la miga llega cuando afrontamos los tramos de regularidad, en ellos, además de seguir el rutómetro y no perdernos - cuestión nada difícil - hemos de circular a la velocidad media establecida por la organización, siempre por debajo de 49,9 Km/h.

Para dificultar un poquito más el asunto, en el mismo tramo, la organización suele realizar una serie de cambios de media. Así podemos empezar un tramo a 49,9 Km/h de velocidad, para pasar por el kilómetro 4,830 a una media 30Km/h y 6,580 Kilómetros después a una de 42Km/h. No es raro que en un tramo con una longitud de 25 km. se realicen 12 cambios de media.

La organización, a su vez, dispone a lo largo del recorrido correspondiente a los tramos de regularidad, una serie de puntos de control por los que debemos pasar en el segundo exacto. Tanto los segundos de adelanto como los de retraso penalizan, y son puntos que acumulamos en nuestra cuenta. Lo ideal es pasar en el momento justo – lo que se denomina hacer un cero – y os aseguro que hacer “ceros” no es nada fácil. Al final del rallye, “el heroico ganador” es el que menos ha penalizado, y, en el caso de empate, gana el que más ceros ha hecho.

Para conseguir estos objetivos, el copiloto dispone del siguiente equipo:

- Cronometro.

- Calculadora.

- Odómetro correctamente calibrado - la organización establece con anterioridad a la prueba, un tramo de calibración en el cual nos indica la referencia con la que se han realizado las mediciones del rutómetro - que debemos comprobar y ajustar con nuestro odómetro, de forma que podamos medir las distancias con precisión.

- Por último, un equipo de control de medias. Pueden ser desde unas simples tablas de tiempo/distancia recorrida para las distintas velocidades medias, o los más sofisticados equipos electrónicos, “las pirámides”.

Otras dificultades que puede añadir la organización a las ya mencionadas son las de no incluir las medidas exactas entre dos cruces - previo aviso - o la entrega de tablas de velocidad media impuesta al inicio del tramo. Si a esto unimos la complicación de circular por ciertos puertos de montaña, la climatología adversa y la nocturnidad, podemos darnos cuenta del grado de aventura en el que nos hemos metido.

Baste imaginar a piloto y copiloto, a las 2h16 de la madrugada de un día de enero, solos, dentro de un cochecito con sus años -un SEAT 124 del año 1974- con su parrilla de focos supletorios iluminando la noche, nevando y a punto de coronar el puerto de…

No es el Rallye de Montecarlo del citado año, no. Es nada más y nada menos que la última edición del Rallye de Liérganes para clásicos. Una aventura dura, máxime si pensamos que al llegar al reagrupamiento de Liérganes a las 3h18 de la madrugada, sólo nos espera un chocolate caliente y unas horas de descanso, pues a las 9h12 de la mañana, nos toca salir de nuevo.

Los que se apuntan a estas pruebas no buscan más que rememorar las andanzas de míticos pilotos y la historia de las grandes pruebas de carretera. Lo que queda cuando toda esta aventura concluye es la satisfacción de terminar, de haber recorrido bellas carreteras y de la charla con los amigos al finalizar el rallye, lo que supone una enorme satisfacción.

Se me olvidaba, los vehículos con los que se afrontan estas pruebas han de ser clásicos y, según los distintos organizadores, tener más de 25 años, ser anteriores a 1980 o en algunos casos ser vehículos que corrieron en su época. Así podemos encontrarnos con coches que participaron en los rallyes de los años 60 y 70, maravillas como los Porsche 911 o 356, la legión de Ford Escort en todos sus niveles de preparación, los Lancia Fulvia o los más populares Mini Cooper o Renault 8.