Roca, agua y aventura

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Desde hace años se desarrollan actividades relacionadas con el  descenso de cañones o barrancos en entornos aventureros del mundo espeleológico y de montaña. Una modalidad deportiva que causa sensaciones especiales a todos aquellos que la practican. Una atracción que se fundamenta en la conjunción de tres elementos: roca, agua y aventura.

Podemos considerar como pioneros de estas actividades a los pescadores y ganaderos, habitantes de las poblaciones cercanas a los barrancos, quienes debían realizar arriesgadas incursiones para pescar o buscar su ganado extraviado.

A partir de entonces aparecieron otro tipo de aventureros, con técnicas más avanzadas y distintas motivaciones, entre los que podemos destacar: Lacotte, Minard, Briet, Martel, Ollivier... Estos, de origen francés en su mayoría, aportaron sus descubrimientos, entre los años 1870 y 1960, para posteriormente consolidar ésta actividad en grupos locales más numerosos y especializados, como asociaciones, grupos de montaña y de espeleología, en distintas zonas de la geografía española y francesa.

Los descensos de cañones surgen por el ansia del hombre por explorar y descubrir en la naturaleza nuevos espacios aún no manipulados. Esta actividad se presenta como síntesis  de técnicas, ambientes y sensaciones que son habituales en otras actividades en la naturaleza, tomando carácter propio y adaptándose  para poder ser desarrollada con total seguridad en el medio en que se realiza.

En 1982 se crea la Federación Española de Espeleología y se inicia la regulación de esta actividad deportiva que compartirá competencias con la Federación Española de Montañismo. En la actualidad la regulación recae por completo en la FEE y el futuro podría deparar la autonomía de esta practica deportiva con federación propia debido al auge generalizado de practicantes.

CAÑONES
Pero… ¿Qué es un cañón? En principio, y para simplificar, digamos que es un profundo valle de paredes verticales o casi verticales, en  roca compacta y con circulación de agua, que debido a la erosión moldea el relieve a lo largo del tiempo formando marmitas, rápidos, cascadas, pozas y toboganes.

Todo un espectáculo de formas y colores que espera ser descubierto  en una actividad deportiva del todo agradecida en diversión y calidad. Según su tamaño y desarrollo, podemos distinguir entre cañones, barrancos, gorgas, gargantas y desfiladeros.

A lo largo del descenso, y según el nivel de dificultad del mismo, habrá que sortear rocas, pasar por desfiladeros estrechos, cruzar cascadas, nadar, sumergirse para pasar sifones, descender por toboganes (comprobando siempre antes la base de las cascadas para evitar impacto con rocas o troncos), escalar y descender verticales usando técnicas como el rapel...

Cabe tener en cuenta que la dificultad en el descenso de un cañón o barranco es directamente proporcional a la verticalidad, estrechez de sus paredes y, sobre todo, al caudal, este último es un factor determinante, porque es lo que da nivel a descenso.
A continuación os mostramos la graduación, con siete niveles de dificultad, desde el más simple, donde apenas podía haber agua, hasta el más extremo, con saltos de más de 14 metros y corrientes con caudales extremadamente fuertes.

Nivel 1. Muy fácil.
No hay rápeles ni escaladas, pocas veces el practicante encontrará agua.

Nivel 2. Fácil.
Empiezan los rápeles con un descenso inferior a 10 metros, pasos de escalada fáciles y poco expuestos. Los saltos que se pueden encontrar son inferiores a 3 metros y con natación en aguas calmadas. Los toboganes que empiezan a salir son cortos o de un pendiente francamente débil.

Nivel 3. Un poco difícil.
Rápeles de hasta 30 metros, generalmente separados por zonas que permiten el reagrupamiento. En muchas zonas se requiere la colocación de pasamanos simples, ya que el terreno suele ser deslizante e inestable. Los pasos de escalada pueden requerir cuerda y los saltos de ejecución simples pueden llegar hasta los 5 metros.

Nivel 4. Bastante difícil.
Son muy frecuentes los pasos de escalada hasta 4c, requiriendo que la progresión se realice con cuerdas. Los saltos pueden llegar hasta 8 metros y los toboganes son largos y muchas veces con una fuerte pendiente. Los rápeles superan los 30 metros con caudales medios que pueden causar la perdida del desequilibrio del deportista.

Nivel 5. Difícil.
Cuando se escoge éste nivel, hay que tener en cuenta que los rápeles se encadenan, provocando que las reuniones sean aéreas, además de contar con un caudal medio o incluso fuerte. A lo largo del descenso habrá que sortear numerosos obstáculos, incluyendo apoyos muy deslizantes, pasos de escalada de 5c o A1, saltos de hasta 10 metros... La progresión por las corrientes se prolonga durante mucho tiempo, por lo que hay que tener cuidado con la alta pérdida de calor corporal, además de los fenómenos naturales que empiezan a abundar, como lavadoras y rebufos...

Nivel 6. Muy difícil.
Las verticales tienen un caudal fuerte o muy fuerte, con cascadas consistentes, y los apoyos con los que contará el deportista pueden ser muy deslizantes e inestables. La progresión es en corrientes fuertes, lo que dificulta las operaciones de natación, siendo las lavadoras y rebufos ya muy acusados. Los saltos de ejecución simples que podrán practicar son de 10 a 14 metros, y los pasos de escalada llegan hasta 6a o A2.

Nivel 7. Extremadamente difícil.
Normalmente, los descensos se caracterizan por la poca visibilidad, obstáculos frecuentes, saltos de más de 14 metros de altura y pasos de escalada muy expuestos (por encima de 6a o A2). El último nivel cuenta con verticales que tienen unos caudales extremadamente fuertes, cuya superación requerirá una anticipación y una gestión específica de la cuerda, de la trayectoria, del equilibrio, de los apoyos y del ritmo.


EQUIPO Y MATERIAL
El material tiene que ser elegido en función de las características del descenso, adaptando el equipo y material utilizado en otras prácticas deportivas similares a ésta especialidad.

Traje de neopreno: nos proporcionará un aislamiento térmico, facilitará la flotabilidad y evitará pequeños golpes y arañazos.

Escarpines, botas y un casco (aparte del terreno resbaladizo, pueden caer piedras debido al viento o al tránsito de los compañeros).

Guantes de goma, PVC o neopreno: protegerán del frío y evitan cortes y quemaduras al practicar rapel.

Arnés: con anillas para llevar materiales y con un punto de anclaje alto para así poder evitar el desequilibrio provocado por el peso de la mochila.

Mosquetones (un mínimo de tres unidades): uno de gran capacidad y con seguro, otro asimétrico sin seguro para el sistema de frenado suplementario y un último sin seguro.

Descensor tipo ‘ocho’: permite controlar la velocidad del descenso y material variado según las necesidades (cuerdas, cintas, cordinos, anclajes, etc.).

Mochila: tiene que estar hecha con materiales poco absorbentes y agujeros para que pueda evacuar el agua fácilmente. Algo de comida y bebida en bidones estancos, manta reflexiva, linterna y cuchillo.

El equipo no es excesivo si se comparte, teniendo en cuenta que esta especialidad se practica habitualmente en grupo.

CAÑON DEL CICERA. ENTORNO NATURAL
Cicera es la localidad más meridional del municipio cántabro de Peñarrubia, distando cinco kilómetros de Linares, la capital. Nos encontramos ante un conjunto rural con casonas de piedra, y de cuyo patrimonio destaca sobremanera la Iglesia Parroquial en estilo barroco montañés (siglos XVII-XVIII): en su portada tiene un arco de medio punto y en su interior alberga un retablo mayor con una talla de San Pedro del siglo XVI y otra de San Antonio del XVII. Aquí se encuentra también la ermita de Santa Cilde, hoy en ruinas.

Es el último pueblo del municipio antes de pasar a Lamasón, lo que ha determinado que sea lugar de paso de varias rutas, entre ellas está el sendero de pequeño recorrido PRS -3, llamado ‘Camino de Arceón’. Parte del Collado Joz - entre Lamasón y Peñarrubia - pasa por Cicera, y después de subir al collado de Arceón (971 metros) baja a Lebeña. Continúa su recorrido por Castro-Cillorigo, donde enlaza con el GR-71 (Sendero de la Reserva de Saja), pasa por Potes y llega después de 24 Kilómetros de ruta al Monasterio de Santo Toribio de Liébana.
En ésta zona meridional del municipio de Peñarrubia, que se va elevando hacia la Sierra de las Cuerres, hay varias cuevas y simas de interés, pudiendo mencionarse, entre las cercanas a Cicera, la Torca de la Lanchera (desnivel de -171 metros) y la Torca de Tresagüelas (-158 metros).

Se trata de un entorno privilegiado situado a 500 metros de altitud sobre el nivel del mar y rodeado por las montañas que forman parte de la alineación de Peña Sagra. Por el pasa un arroyo, el río Cicera, que en su descenso hacia el río Deva, del que es afluente, forma la garganta de la Agüera: Riocicera, un desfiladero lateral al de La Hermida.

RECORRIDO
En Cantabria podemos disfrutar de bonitos descensos, como por ejemplo el cañón que ahora describimos.

La aproximación parte desde el punto kilométrico 161 de la carretera N-621, en del desfiladero de la Hermida. En un pequeño refugio utilizado por pescadores podemos dejar el coche, en el caso que vayamos en un sólo vehículo, o iniciar la actividad en el pueblo de Cicera para acortar el tiempo de aproximación si llevamos dos coches. Tomaremos un sendero ascendente que nos llevará, tras unos fuertes giros, a la cabecera del río, donde comenzamos el descenso.
La dificultad del barranco es baja, teniendo en cuenta que existe caudal de agua constante, pero tendremos que estimar su descenso en función del tiempo atmosférico y las previsiones meteorológicas. No obstante, éste descenso puede hacerse durante todo el año.

El cauce es limpio, sin dificultades y se alternan divertidos resaltes con caos de bloques, rodeados de zonas arboladas y de vegetación. Las cascadas, un total de cuatro, se concentran en una zona abierta y el rapel más alto que encontramos es de 21 metros.

Son necesarias dos cuerdas de 25 metros o una de 50 y el material propio de verticales. Se recomienda el uso del neopreno completo y se aconseja llevar material de instalación para, en caso de dudas, reponer. Los anclajes se sitúan preferentemente sobre árboles, dado el especial entorno vegetal que rodea a las cascadas.

Existen numerosos escapes a lo largo del recorrido, lo que nos permitirá adaptarnos al horario real de la actividad en caso de percances. El tiempo de aproximación es de una hora, el descenso de unas dos horas y el retorno al coche en unos cinco minutos.

Es aconsejable in sin prisa para disfrutar del magnifico entorno que nos dejará un estupendo sabor de boca.

ATENCION
El descenso de barrancos, como deporte practicado en medios verticales, es peligroso si no se realiza con precaución. La información contenida en este artículo no reemplaza en ningún caso al aprendizaje de calidad necesario o, a la contratación de personal cualificado para que se desarrolle sin incidentes.

 Podemos considerar como pioneros de estas actividades a los pescadores y ganaderos, habitantes de las poblaciones cercanas a los barrancos, quienes debían realizar arriesgadas incursiones para pescar o buscar su ganado extraviado.

A partir de entonces aparecieron otro tipo de aventureros, con técnicas más avanzadas y distintas motivaciones, entre los que podemos destacar: Lacotte, Minard, Briet, Martel, Ollivier... Estos, de origen francés en su mayoría, aportaron sus descubrimientos, entre los años 1870 y 1960, para posteriormente consolidar ésta actividad en grupos locales más numerosos y especializados, como asociaciones, grupos de montaña y de espeleología, en distintas zonas de la geografía española y francesa.

Los descensos de cañones surgen por el ansia del hombre por explorar y descubrir en la naturaleza nuevos espacios aún no manipulados. Esta actividad se presenta como síntesis  de técnicas, ambientes y sensaciones que son habituales en otras actividades en la naturaleza, tomando carácter propio y adaptándose  para poder ser desarrollada con total seguridad en el medio en que se realiza.

En 1982 se crea la Federación Española de Espeleología y se inicia la regulación de esta actividad deportiva que compartirá competencias con la Federación Española de Montañismo. En la actualidad la regulación recae por completo en la FEE y el futuro podría deparar la autonomía de esta practica deportiva con federación propia debido al auge generalizado de practicantes.