El pasado día 10 de febrero finalizó la temporada de caza de jabalí. Nosotros nos ‘infiltramos’ en una de las cuadrillas que operan en la Reserva Nacional de Caza del Saja para conocer cuáles son los pasos que siguen los cazadores y/o monteros antes internarse en bosques y montes. La experiencia no nos dejó indiferentes.
El desarrollo de una cacería comienza habitualmente con la distribución de los puestos que van a ocupar los cazadores, para abarcar la totalidad de la zona que corresponde a la cuadrilla. Las zonas acotadas están perfectamente delimitadas, y son los guardas forestales los encargados de velar por el cumplimiento de la normativa. Se trata de cubrir la ‘mancha’ en toda su extensión, y cada cacería está sujeta a la orografía de la zona en concreto. Si la zona es muy boscosa hay que colocar los puestos más cercanos porque la visibilidad es mala y, por lo tanto, la caza es más difícil, mientras que si es en campo abierto la distancia entre los puestos se amplía ligeramente.Las cuadrillas tienen que estar compuestas por un mínimo de 25 cazadores y un máximo de 35, invitados incluidos, ya que cada jefe de cuadrilla puede recibir hasta siete invitaciones para repartirlas como crea conveniente. Esta normativa beneficia sobre todo a aquellas cuadrillas que no tienen el número suficiente de cazadores, como exige la normativa. En Cantabria hay mucha afición por la caza del jabalí y entrar en ellas no es nada fácil.
Antes de comenzar la batida de jabalíes -el lote se adjudica por sorteo- el guarda rellena los permisos de cada invitado, si los hubiese, y acto seguido, junto al jefe de la cuadrilla, va llamando a todos los integrantes de la misma para que muestren la documentación pertinente (licencias, DNI…). Una vez subsanado este trámite es cuando los cazadores se echan al monte para ocupar sus respectivos puestos y hacerse con las piezas.
Mientras tanto, son los monteros y sus perros quienes se encargan de batir la zona. Los jabalíes son unos animales que se caracterizan por dormir durante el día en matorrales frondosos. La función de los monteros es recorrer la zona acotada para que sus perros sigan el rastro y, si hubiera alguna pieza cerca, levantarlos de los encames para llevarlos hacía los puestos. Se trata, a fin de cuentas, de crear un ‘efecto embudo’. Los perros de caza son entrenados normalmente para seguir el rastro de una sola especie y, aunque lo cierto es que perros buenos salen más bien pocos, los criadores de Cantabria pueden presumir de ‘crear’ verdaderas ‘máquinas’ de rastreo: El arte y la técnica empleados por los dueños, así como la ‘raza’ del perro, explican el éxito de éstos en las cacerías. Encamar a un jabalí es, en definitiva, un orgullo para el dueño del perro. El rastro que suele guiar al perro hacia la presa puede ser, por ejemplo, a través de las huellas del jabalí o de las señales que deja al entrar o salir del perímetro acotado.
El cupo de piezas por cazador está restringido, pero son acumulables, de tal manera que si un día no se caza ninguna pieza, en la siguiente batida se conserva el derecho a cazar el mismo número de piezas previamente autorizado.
Uno de los principales temores de los guardas es que las rutas de senderismo atraviesen las zonas de caza. Mientras que las cacerías se anuncian en los medios de comunicación, lo que no saben los cazadores es que puede haber personas practicando el senderismo, con el riesgo que esto conlleva.




