La isla ofrece posibilidades infinitas para la practica del enduro y libertad total para circular por donde se quiera, desde las playas vírgenes hasta los escarpados caminos de pura montaña, pasando por praderías verdes interminable, vadeos de ríos, de lagos, senderos por cascadas y saltos de agua, terrenos secos, embarrados, travesías de puentes artesanales… Todo lo que la mente se pueda imaginar, pero siempre con el máximo respeto a la naturaleza y al entorno.
Por fin llega el día… Nuestras pesadas maletas y equipajes se mezclan en la famosa Terminal Cuatro de Barajas con turistas que acuden a la Republica Dominicana a disfrutar de la Isla de una manera muy distinta a la nuestra. Todos compartiremos la isla, el sol, las playas y hasta sus montañas… pero nosotros lo haremos con nuestras motos de enduro, ‘monteando’, como allí le dicen a esta práctica.
Toni, Julio, Luis, Mariano y Oscar, ‘Los Fueltes’, somos veteranos en este tipo de viajes. Para la mayoría es la cuarta vez que acudimos a Republica Dominicana, pero somos conscientes de que cada visita es única e irrepetible, en cada jornada las experiencias son nuevas y sorprendentes.
La llegada a Santo Domingo se produce el 21 de noviembre a las 19h30 (viernes). Con la noche sobre nuestras cabezas somos recibidos por nuestros “amigos dominicanos”: el guía Ángel, mas conocido como ‘Scooby’, Mario y Jorge Medina, quienes, entre otros negocios, organizan “aventuras de enduro en Dominicana”. Todos ellos son excepcionales pilotos, de los mejores de la Isla, lugar en el que la práctica del enduro o del Off-Road, como ellos dicen, es muy popular.
Santo Domingo-Juan Dolio
(22/Nov/08): 250 km.
Muy pronto acudimos a recoger nuestras motos Suzuki DR 400. Nos enfundamos en nuestros equipos -la mochila con la bandera española que no falte- e iniciamos la primera de la Etapas: Santo Domingo-Juan Dolio. Una etapa por terreno muy variado, pistas rápidas, trialeras y caminos serpenteantes por ‘trillos’ (como ellos llaman a los campos). Una etapa relativamente sencilla pero perfecta para la primera toma de contacto con las motos. Después de ocho horas de moto llegamos a nuestro destino. Allí, como ocurrirá todos los días, nos espera nuestro mecánico Gregorio, ya ha llegado con los equipajes en la furgoneta de apoyo que nos acompaña diariamente en ruta paralela a la nuestra.
Juan Dolio-Bávaro (23/Nov/08): 250 km.
Un trayecto variado y divertido con pistas de piedra suelta, cortafuegos… Aproximadamente cada dos horas detenemos nuestros ‘motores’ (así llaman los lugareños a las motos) en uno de los numerosos Colmados (Bares) que existen por toda la geografía del país. El objetivo no es otro que el de ir reponiendo fuerzas, pues aunque hacemos un desayuno completo, no nos detenemos a comer por cuestiones de tiempo. La llegada a Bávaro, casi de noche y después de haber recibido un fuerte chaparrón de agua, se hace esperar más de la cuenta. La verdad es que es como llegar a España por el gran número de turistas de nuestro país que allí se alojan.
Bávaro-Las Terreras
(24/Nov/08): 300 km.
Una etapa que repetimos cada año porque nos tiene cautivado el corazón aventurero. Recorrido inicial por trialeras y terreno endurero-endurero. Luego desembocamos en las playas entre Bávaro y Sabana del Mar: kilómetros y kilómetros de etapa por la arena de playas vírgenes completamente vacías, palmeras y cocoteros conforman la típica estampa dominicana que todo el mundo tiene en sus cabezas. Altas velocidades en moto por esos tramos, en algunos casos se alcanzan los 120 kilómetros por hora, y claro… las inevitables caídas aparecen, como la de Oscar, que sufrió nueve puntos de sutura en el pie derecho, y la de Luis, con una fisurilla de clavícula que le hacía tener que infiltrase todos los días.
Pero la aventura es lo que tiene. Llegamos a Sabana de Mar, parada intermedia después de ocho horas, y atravesamos la bahía de Samana en una especie de barco al que todos los años miramos con mucho recelo, pero en el que al final nos acabamos subiendo. Viajamos con las motos y con los pasajeros del lugar, en una estampa muy típica, durante una hora aproximadamente. A la llegada a Samana, otra hora y media de moto y el objetivo de llegada a Las Terrenas se encuentra cumplido. Ya hemos accedido a la parte norte de la Isla, una de las más desconocidas. Ahora es cuando realmente comienza la aventura.
Descanso (25/Nov/08)
Escogemos Las Terrenas para pasar el día de descanso del guerrero. Ideal para curar las heridas, revisar mas profundamente las motos y disfrutar de un día de playa en la siempre preciosa Playa Bonita y su colmado ‘Palapa’, en donde nos tratan como en casa, disfrutando de marisco, cervezas, ron y la compañía de la gente dominicana…el auténtico tesoro de la Isla.
Las Terreras-Cabarete
(26/Nov/08): 300 km.
Esta etapa se desarrolla por terreno montañoso, atravesando reservas y parques nacionales a más de mil metros de altura, cafetales, plantas de cacao y aldeas perdidas en el monte de apenas cuatro casas de madera que jalonan el recorrido. Pistas de piedra suelta de color verde contrastan con el azul del cielo, bajadas imposibles entre lo espeso de la vegetación, un recorrido agotador entre mosquitos y humedad. En el fondo eso es lo que esperamos encontrarnos, lo que buscamos para saciar las ganas de enduro que todos tenemos. La llegada a Cabarete, una preciosa localidad surfera a orillas del mar, tras doce horas de moto, es como el oasis en el desierto.
Cabarete-Jarabacoa (27/Nov/08): 275 km.
Más montañas, trialeras y terreno muy escarpado son necesarios para llegar a una localidad a más de 1000 metros de altura (lo bautizamos el ‘Potes’ de Dominicana la primera vez que fuimos). Ríos con rápidos ideales para la práctica del rafting, acantilados con saltos de agua y montaña exuberante son sus señas de identidad. Junto con la zona próxima al Pico Duarte, la auténtica montaña de la Isla. Scooby nos procura siempre la ruta mas apetecible en función de si queremos algo más o menos complicado, es el privilegio de llevar con nosotros a alguien que se conoce la isla y sus senderos como la palma de su mano. Siempre procuramos que Scooby abra camino y con una distancia prudencial nos vamos sucediendo todos. Siempre hay que esperar a los compañeros, nunca nadie puede perderse en el trayecto por un descuido o despiste de los demás. Eso es sagrado!
Jarabacoa-Hato Mayor
(28/Nov/08): 300 km.
Terreno en descenso. Una etapa sencilla a priori se convirtió en una trampa. Las lluvias caídas hicieron que nos quedáramos atrapados en un sendero embarrado. Unos 200 metros en subida nos ocuparon cerca de cinco horas. Con la ayuda de los lugareños y sus caballos pudimos remolcar las motos fuera del barrizal, pero el tiempo se nos había echado encima y la única ruta posible pasaba porque una influyente familia de la Isla accediera a que atravesáramos una de sus muchas fincas. Sus guardas nos permitieron el acceso, no antes de una larga y tensa espera, y nos vimos monteando entre kilómetros y kilómetros de naranjos cargados de ‘chinas’, que es como ellos denominan a las naranjas.
Hato Mayor-Santo Domingo
(29/Nov/08): 175 km.
Etapa sin dificultades en lo relativo a la orografía, aunque podemos aseguraros que la entrada en Santo Domingo un sábado por la tarde en moto hace pequeño el gran mito de que la auténtica selva Dominicana está en su carreteras. Peligro constante navegando entre coches que forman múltiples filas paralelas de vehículos en los tres carriles de las avenidas, sonidos de bocinas continuas, semáforos inservibles… Esto también forma parte de la Isla.
Al día siguiente partiríamos de regreso a España a eso de las 19h00 después de unas pequeñas compras de café, ron y otro sourvenirs. La aventura finalizó, por la ventanilla del avión observamos con pena una isla que se aleja, pero que cada vez está más cerca de nuestros corazones aventureros. Se puede decir que en el momento en el que nos bajarnos de la moto comenzaba, de alguna manera, la aventura del año siguiente. Al final, nos damos cuenta de que ‘Los Fueltes’ sin Republica Dominicana, y el enduro en la isla sin ‘Los Fueltes’ no tiene sentido. Y hay que dárselo año tras año.




