Isla de Mouro 43o28’23”N 3o45’20”W

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Roca emergente en la bocana de la Bahía, referencia de la marinería Cántabra, que busca el abrigo de las protegidas aguas del puerto de Santander  desde tiempos inmemoriales. Observatorio y singular morada para gran variedad de aves, acuario multicolor lleno de gateras, pasadizos y cuevas, donde multitud de especies, encuentran su refugio en esta pequeña isla, frente a la Península de la Magdalena. Bucear en la Isla de Mouro es sumergirte en un paraíso sin salir de casa.

 


Con una orografía singular, la Isla de Mouro está formada por 1,7 hectáreas de roca caliza en estratos con escasa vida vegetal y coronada por un faro. Se caracteriza por dos zonas bien diferenciadas:

La SW: protegida de los envites de la mar y con un fondo de arena que se alarga hacia la península de la Magdalena.

La NNW: azotada por la bravura del Cantábrico durante el invierno y verticales cantiles que se elevan unos 20 metros.

A su vez, y orientada al NE de la Isla de Mouro, se encuentra un pequeño islote que emerge desafiante: La Corbera.

 

HISTORIA

La Isla de Mouro está directamente ligada con la historia de Santander y su puerto, la evolución técnica de las señales marítimas y la cartografía.

Su antigua denominación era isla de ‘Mogro’, sinónimo de castro, que hacía referencia a una roca o saliente de la costa, quedando éste aislado por el mar. Fue en 1788 cuando se produce el cambio de denominación: Don Vicente Tofiño San Miguel y Wanderiales, brigadier de la Armada, cartógrafo y estudioso de astronomía, crea la que sería considerada como la primera obra de la moderna cartografía española: «Derrotero de las costas de España en el Océano Atlántico y de las islas Azores o Terceras, para inteligencia y uso de las cartas esféricas». Durante esta trascripción, pasó a denominarse isla de Mouro. 

El faro, con una altura focal del faro, es de 38,7 metros sobre el nivel del mar, siendo la torre de 18,39 metros de altura sobre el suelo. Tiene un diseño similar a los existentes en las costas inglesas.
Inaugurado el 15 de febrero de 1860, junto a la torre tiene un local de planta baja que servía de residencia a los dos fareros. En ocasiones, debido a los temporales de invierno, permanecían varios días incomunicados.  La historia de Mouro cuenta con algún capítulo trágico por causa de los fuertes temporales que lo azotan: en 1865 uno de los fareros perdió la vida tras ser arrastrado por una ola y caer al mar; y, durante 1896, uno de los dos fareros que residían en la isla falleció repentinamente y su compañero no tuvo más alternativa que convivir varios días con su cadáver hasta que remitió la tormenta. Las pernoctaciones de los fareros que trabajaban en la Isla se prolongaron hasta 1921.

En este faro se utilizaba, originalmente, una lámpara de una mecha, la cual fue sustituida en 1920 por un destellador de llama desnuda con quemador, además de una óptica de tambor. En 1989 la Demarcación de Costas, organismo encargado de la custodia de este faro, cambió la alimentación por gas -que utilizaba hasta entonces- por la energía fotovoltaica. El faro pasó, de esta manera, a la categoría de baliza.
En febrero de 1996 otro temporal destrozó el sistema de iluminación y el faro permaneció varios días apagado ante la imposibilidad de acceder a él y reparar la avería.

El 26 de abril de 2004, habiendo pasado el faro a depender de la Autoridad Portuaria de Santander, se recupera la estética original, instalándose una nueva linterna: se utiliza una luz blanca con 1+2 destellos cada 16 segundos. La potencia de la linterna hace visible la luz a una distancia de 7 millas.

RESERVA MARINA
Esta pequeña isla se caracteriza por la variedad de especies que buscan refugio en su entorno, multitud de aves hacen de Mouro su lugar predilecto para procrear. La cara sureste es la más procurada por la colonia de gaviotas. Durante los meses de primavera podremos observar numerosos polluelos que buscan la protección de los embates de las fuertes olas que rompen contra los verticales acantilados de la zona norte que descienden desde unos 20 metros de altura hasta los fondos de Mouro. Observando las grietas de sus paredes encontraremos la guarida de algún halcón peregrino. El pequeño islote -La Corbera- sirve de posadero y observatorio para los cormoranes. Hace años paiños, alcas, araos y frailecillos eran frecuentes en la isla.

La escasa vegetación existente en Mouro se ha ido adaptando a este medio tan abrupto y agresivo. El hinojo marino es el predominante en esta reducida comunidad vegetal: lasas sombrillas y geranios marinos le acompañan. Son especies que únicamente habitan estos ambientes, de modo que cualquier alteración ambiental puede conducir a su desaparición. Al igual que la mayor comunidad de aves que habitan en la isla, la vegetación busca la protección de la zona sureste.

Donde realmente nos damos cuenta de la riqueza natural de la Isla de Mouro es en sus fondos, es increíble la biodiversidad que alberga esta pequeña roca y sus aledaños. Podemos encontrar gran parte de las especies más representativas del Cantábrico, tanto animal como vegetal.

El hábitat marino en esta zona es complejo y cambiante, desde la prolongación de los cantiles verticales a los fondos de la cara norte, pasaremos a los arenales someros de la zona sur a través de un sinfín de pasadizos y laberintos que la erosión del paso de los años, y los fuertes temporales, han esculpido caprichosamente la roca caliza de Mouro.

La existencia de un mundo microscópico –plancton- hace que sus aguas, bien oxigenadas, sean ricas en nutrientes, lo que atrae a especies de mayor porte, como peces y cefalópodos. En los fondos y en sus proximidades, las praderas de algas dan cobijo a esponjas, anémonas, moluscos, crustáceos, equinodermos, tunicados, etc.

APRENDER A BUCEAR

El programa modular de formación de Actividades Subacuáticas está preparado para que pueda acceder al mundo subacuático cualquier persona: si tienes más de 12 años,  sabes nadar y estás bien de salud las puertas del mundo submarino se abren para ti.

Puedes realizar desde los cursos clásicos de iniciación, pasando por entrenamientos especializados, hasta la formación más profesional, es decir, de buceadores que han decidido iniciar una carrera como monitor o instructor de buceo.

Por variada que sea la oferta de cursos, todos los programas tienen un elemento común: la formación tiene lugar en una atmósfera educativa y distendida, con clases de teoría, prácticas en piscina o un entorno confinado y unas prácticas en el mar. Si terminas tu curso satisfactoriamente obtendrás una titulación como buceador autónomo, con dicha titulación, un seguro de buceo y tu reconocimiento médico, podrás disfrutar del buceo en cualquier parte del mundo.

¿Qué implica un buen curso?
¿Estás buscando un curso de buceo realizado con gran profesionalidad? He aquí algunos puntos que deberías tener en cuenta para evitar sorpresas:
Asegúrate de que el centro de buceo que has elegido sea efectivamente un centro de Actividades Subacuáticas registrado oficialmente.
Si es posible, procura ver la sala de teoría, instalaciones y logística en general que será utilizada durante el curso.
Asegúrate de que los instructores que impartirán el curso estén autorizados para realizar el curso en cuestión y que estén en posesión del estatus de enseñanza.
Controla que tu material pedagógico está incluido en el precio. Así tus apuntes no se perderán y podrás utilizar todas las informaciones en un curso más avanzado.
Pregunta si hay gastos suplementarios en el curso, como entrada en la piscina, alquiler de material o titulación.
Controla el tipo de material de buceo que está incluido o alquilado para el entrenamiento durante el desarrollo del curso:                        

Traje de buceo, Chaleco compensador de flotabilidad, Reguladores, Manómetro, etc. (Se recomienda que tengas tu propio equipo ligero, aletas, escarpines, máscara y tubo, te ayudará a sentirte mejor durante tus prácticas).
El instructor debe estar presente en todo momento durante las diferentes partes del curso. La persona que firma tu solicitud de titulación internacional como buceador debe entregarte una tarjeta provisional, válida durante 90 días. Tu tarjeta definitiva la recibirás antes de que transcurra ese período de tiempo. No pierdas tu tarjeta provisional, porque podría servirte de ayuda en caso de que hubiera algún retraso para solicitar un duplicado del título definitivo.

Si todos estos puntos se respetan, tu curso de buceo será una de las bellísimas experiencias en tus futuras actividades subacuáticas…disfruta buceando!
Saludos y buenas inmersiones.


Para más información realiza tus consultas en:
www.mourosub.com