Una apuesta de futuro… con futuro

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Club de Rugby Santander

Hace poco más de un año que Cantabria cuenta con un nuevo equipo de rugby. Algo que empezó a gestarse de la mano de dos apasionados de este deporte que, con unas ideas muy claras y con el vértigo que genera todo nuevo proyecto, lograron sacar adelante un club que, en un tiempo récord, ha pasado de ser un sueño a una realidad consolidada y con unas metas muy ambiciosas.

Un empresario y un exjugador, ahora entrenador del mismo, fueron los responsables de dar vida al Club de Rugby Santander–Construcciones Rivago. A su presidente y entrenador, Ricardo Álvarez, le gusta hablar de “refundar”, y esto se debe a que hace casi veinte años este mismo equipo estuvo en la cresta de la ola durante algo más de ocho años, tiempo en el que consiguieron clasificarse hasta en cuatro ocasiones para la fase de ascenso. Todo fue bien hasta que el éxito en lo que a su organización se refiere superó a sus propios integrantes y el equipo terminó desapareciendo.

Hoy en día, y a diferencia de la primera etapa, los impulsores de este proyecto atesoran la sabiduría y la seriedad que dan los años, puesto que la ilusión sigue intacta, y todo bajo la batuta de Ricardo Álvarez.

PRIMEROS PASOS
La constitución del club comenzó a raíz del acopio de un sistema utilizado por otro equipo de rugby español que consistía en la composición de una plantilla competitiva partiendo de una buena infraestructura que pasaba, dentro de las posibilidades económicas del club, por traer refuerzos de países como Georgia, Rumania o Bulgaria. Una vez subsanados los escollos económicos, y gracias al patrocinio de la constructora de uno de los artífices del proyecto, una de sus medidas estrella fue la de fichar a jugadores rumanos.

A  cambio del compromiso de las nuevas incorporaciones, el club les ofrecía todas las facilidades para su integración en lo que para ellos iba a ser su nueva casa. Y lo han hecho solucionando problemas como son los permisos de residencia, el trabajo y la vivienda. Por su parte, los jugadores sólo tenían que costearse el precio de la licencia federativa para que tuvieran -en palabras de Ricardo Álvarez- “conciencia de la responsabilidad que supone pertenecer al club”, y trabajar por y para el equipo. Hoy son cinco los rumanos que militan en el C.R.S- Construcciones Rivago y, si bien  no son profesionales, cuentan con un  potencial físico que les convierte en indispensable para  el equipo. El presidente y entrenador sentencia, a este respecto, que “han cumplido con creces su compromiso con el equipo”.

Otro de los puntos clave de su éxito ha sido el hecho de que algunos jugadores de otros equipo cántabros decidieron, viendo la seriedad del proyecto, pasar a formar parte de la filas del equipo. Se trataba de jugadores que ya habían trabajado en otras ocasiones a las órdenes de Ricardo Álvarez, anteriormente entrenador de otro equipo. Algo que no salió en absoluto gratis, puesto que en muchos casos el club tuvo que pagar la carta de libertad. También conviene recordar la incorporación de savia nueva, aquellos que en unos años pueden dar más de una sorpresa. El resultado de este laborioso proceso no es otro que una plantilla de 35 jugadores con una media de edad de 26 años. Un número suficiente, como dice su entrenador, “para poder disputar todos los partidos con cierta holgura en cuanto al número de jugadores disponible por partido”, algo que en no pocas ocasiones representa el talón de Aquiles de cualquier equipo que pretende aspirar a algo.

FUTURA CANTERA
La formación y los cuidados tampoco han sido pasados por alto en esta nueva empresa, pues también cuentan con una fisioterapeuta y con cuatro preparadores físicos que, además de otros cometidos dentro del equipo, también tienen la misión de formar a los más jóvenes. Para lograr este objetivo el club ha decidido recientemente organizar una serie de visitas informativas por diversos colegios de la región para explicar las bondades de la práctica de un deporte como el rugby y reclutar, de esta manera, a los más jóvenes para convertir al club en una apuesta de futuro. La iniciativa, como no podía ser de otra forma, ha tenido una gran acogida. Tanto es así que los primeros sorprendidos han sido los responsables del club, representados por su presidente y el resto de la junta directiva, compuesto únicamente por chicas.

El presidente y entrenador, Ricardo Álvarez, está convencido de que el equipo está muy preparado, pero admite que no va a permitir que se baje la guardia. Además, cree que es fundamental “mantener la disciplina día a día hasta que finalice el último partido de la liga”. Opina que es un proyecto “muy bueno y muy serio, y que va a dar sus frutos antes de lo esperado” dado el nivel que ha alcanzado el

equipo en el poco tiempo que lleva en funcionamiento. El secreto para él  está en “montar un buen equipo arriba pero con una buena base”. Hasta tal punto lo ve tan claro que piensa que con la plantilla con la que cuenta el club “se podría jugar perfectamente en primera división, aunque no en los primeros puestos”.

PRESUPUESTOS
Para este año han contado con un presupuesto de 20.000 euros, una cantidad que Ricardo Álvarez considera “elevada” para un equipo de regional, pero no olvida que han partido de cero y que sólo entre el equipaje nuevo y las cartas de libertad se han gastado, en lo que va de temporada, 6.000 euros. A esta cantidad hay que sumar los gastos y las dietas, que se generan por partido, de los componentes del equipo. Con esto, los responsables quieren demostrar a los jugadores que el proyecto “va en serio” y, como contrapartida, exigen la implicación absoluta de la plantilla de cara a las metas que se han propuesto alcanzar.

Los ya clásicos Independiente Rugby Club y el Universidad de Cantabria ya tienen un nuevo competidor o futuro competidor, según sea el caso, que va dar mucho que hablar. Su entrenador tiene muy claro cuál es su primera meta: “ascender en un período de 3 ó 4 años a división de honor B”.