Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil
Acudir a un rescate en una cueva, acceder por un corredor de nieve y cascadas de hielo con piolets y crampones, escalar en verano rutas de alta montaña, descender un barranco... Son sólo algunas de las actividades que forman parte del quehacer de todos los agentes que conforman el GREIM, un grupo de profesionales perfectamente capacitados para prestar auxilio a las personas accidentadas, perdidas o aisladas en zonas de montaña o lugares de difícil acceso. Esta unidad de la Guardia Civil, creada en 1981, cuenta en Cantabria con 10 agentes y tiene su centro de operaciones en Potes. Su punto fuerte: la vocación.
Suena el teléfono. Es un día cualquiera a una hora cualquiera. Alguien ha sufrido un accidente mientras escalaba, esquiaba, hacía senderismo o practicaba espeleología. En cuestión de minutos los agentes del GREIM (Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil) se movilizan para socorrer a la víctima. El primer paso a seguir es ponerse en contacto, en el caso de que sea posible, con el accidentado para recabar de primera mano toda la información necesaria para realizar el rescate y valorar, de esta manera, todos los medios que van a emplear: si va a ser necesario el uso del helicóptero -que va a depender mucho de las lesiones del herido-, si va haber posibilidad de acceder o no con un vehículo hasta un lugar próximo, las condiciones meteorológicas, las del propio accidentado, etc. Después, sólo queda actuar.Ya han pasado 27 años (1981) desde que se crearan estas unidades especiales para realizar las labores propias de la Guardia Civil en lugares de difícil acceso. En Cantabria, el GREIM está compuesto por una unidad de 10 agentes, al frente de la cual está actualmente el Cabo 1º Francisco Caso -con 17 años a sus espaldas en la Unidad-, y tiene su central en Potes, por ser ésta la localidad más cercana a los Picos de Europa, la zona donde los rescates son más susceptibles de volverse complicados, aunque su radio de acción cubra toda la comunidad autónoma.
Concretamente, en Picos de Europa cuentan con el apoyo de otras unidades del GREIM -Cangas de Onís y Mieres (Asturias) y Sabero (León)-, con las que no es extraño que coincidan cuando las actuaciones se concentran en las zonas limítrofes de las comunidades vecinas, pero como reconoce el jefe de la Unidad de Cantabria, Francisco Caso, “cuando se trata de un rescate, lo importante es la seguridad del accidentado y la rapidez en su evacuación, y estos objetivos no entienden de competencias ni límites entre comunidades, por lo tanto el que mejor pueda actuar es el que lo va a hacer. Siempre colaboramos entre nosotros para que el operativo tenga el final que todos esperamos”.
La Unidad Especial de rescate en Montaña de la Guardia Civil, aunque conocida por todos, pasa algo más desapercibida por su especialización, al igual que ocurre con otras, frente a la función más tradicional del Cuerpo, por cotidiana, como es el servicio que presta en el medio rural o en carretera. Por descontado, todos los que forman parte del GREIM de Potes han pasado la preceptiva prueba para acceder y formarse como Guardias Civiles, de hecho una de las misiones de las Unidades de Montaña es realizar los servicios propios del Cuerpo que requieran una especial aptitud física y preparación montañera, a la que hay que añadir un curso de nueve meses en el Centro de Adiestramientos Específicos de Montaña (CAEM), situado en Candanchú (Huesca).
Vocación
En esta profesión confluyen una serie de factores, como son la satisfacción profesional de ser Guardia Civil, el disfrute personal por trabajar en un entorno privilegiado y el componente deportivo, en uno. La vocación es, sin duda, el motivo principal para aspirar a formar parte del GREIM. “Sobre todo atrae a la gente que es deportista, porque una de las características principales es estar muy bien físicamente. Después está la práctica diaria, pues afortunadamente no se realizan rescates todos los días, pero sí tenemos que estar continuamente entrenando, conociendo zonas nuevas, rutas de escalada, barrancos, senderismo, espeleología, etc., para conocer los lugares difíciles, solventar problemas e inconvenientes sobre la marcha o preparar las instalaciones de socorro. Estamos variando continuamente de actividades, y siempre las realizamos analizando cómo solucionaríamos una emergencia en ese lugar”, aclara Caso.
Como cualquier otro trabajo también tiene su parte negativa, como por ejemplo cuando tienen rescates complicados y en unas condiciones meteorológicas, de cansancio y de riesgo muy duras. Circunstancia que pasa a un segundo plano al ser conscientes de que su labor no es otra que la de ayudar a otras personas que están en dificultades.
Cabe destacar que todos los componentes del GREIM tienen que dominar todas las facetas del rescate en montaña, es decir, deben ser capaces de acudir a un rescate en una cueva, progresar con esquís de travesía -en época invernal- al lugar donde se encuentre el accidentado, acceder por un corredor de nieve y cascadas de hielo con piolets y crampones, escalar en verano rutas de alta montaña, descender un barranco, etc. La razón es muy sencilla: “no podemos depender de que coincida en ese rescate alguien que esté más especializado o menos, por lo que conviene que todos estemos bien preparados en todos los aspectos del rescate de montaña, aunque luego haya algunos que por afición se dediquen más a una actividad concreta”, explica Francisco Caso. No es casualidad, por tanto, que entre sus filas se encuentren verdaderos deportistas en ciertas modalidades de montaña, como el campeón de Asturias de esquí de travesía.
Actuaciones
Las intervenciones más comunes que realizan son consecuencia directa de fracturas menores o por la desorientación causada por la niebla. Por otra parte, las más complicadas suelen ser los rescates de espeleólogos y las actuaciones en paredes verticales. Eso sí, la mayoría de las salidas tienen lugar en primavera y, sobre todo, en verano.
La colaboración con otros grupos también está a la orden del día. Concretamente, en espeleología, teniendo en cuenta que Cantabria es un paraíso a nivel mundial para esta práctica, el Gobierno regional cuenta con un grupo de civiles (grupo de espeleo-socorro del Gobierno de Cantabria, con base en Ramales) que “son los encargados de tomar la iniciativa en caso de que haya algún accidente de espeleología, son los primeros que van, y cuando ven que es necesaria nuestra colaboración es cuando ya solicitan nuestra ayuda, que intervengamos. Son muy profesionales en sus actuaciones y es un placer trabajar con ellos”, añade el Cabo 1º del GREIM de Potes.
Otro ejemplo se da cuando realizan rescates en acantilados o barrancos, ya que en el caso de que una persona se quedara totalmente sumergida en una poza de bastante profundidad se requeriría la ayuda de sus compañeros del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS).
Conviene dejar claro que existen dos grupos bien diferenciados respecto al tipo de intervenciones que se realizan. Por un lado, están los montañeros experimentados, que solicitan ayuda sólo en caso de necesidad, y por otro, están aquellos usuarios que, gracias a la aparición de los teléfonos móviles, a veces realizan llamadas de emergencia al primer contratiempo.
Francisco Caso sabe que hay muchos avisos que no son motivo de rescate, “pero hay muchos condicionantes que entran en juego, la preocupación de la familia, el estado de nervios…, de ahí que la mayoría de las veces decidamos salir y ver lo que ha pasado, aunque lo normal es que se trate de un simple retraso y tarden un poco más de lo que es habitual”. Pero si realmente ha ocurrido un accidente, “lo que procuramos nosotros es no parar ni un momento, es decir, aunque la noche sea muy mala preferimos tener a dos o tres socorristas en la zona de actuación intentando llegar hasta el accidentado, para facilitarle las primeras curas de emergencia, así como abrigo y alimentos, aunque al final la evacuación se realice de día y con el helicóptero” añade.
Prudencia
Se podría decir que muchas de las actuaciones que realizan los GREIM se evitarían si se hiciese una mejor valoración de la actividad que se va a realizar, es decir, teniendo en cuenta las posibilidades físicas de cada uno. “Hay que salir con seguridad y tratar de evitar accidentes tomando todas las medidas de precaución necesarias, siguiendo al pie de la letra los consejos que damos año tras año”, insiste Caso, con el objetivo de evitar o solventar problemas que puedan surgir en el desarrollo de dicha actividad. En definitiva, se trata de evitar la falta de previsión.
Pero Francisco Caso también entiende que los accidentes ocurren, y opina que “es cierto que hay imprudencias y la gente debería tener más cuidado, pero no deja de ser algo que le puede suceder a cualquiera”. Ellos son los primeros que reconocen que, incluso con su experiencia, son susceptibles de sufrir accidentes. No hay que olvidar que la montaña es un medio hostil y ellos pasan allí muchas horas al día. Tanto es así que a los pocos años de crearse la unidad un compañero falleció en el Macizo Oriental de los Picos de Europa, junto con los dos pilotos del helicóptero y la montañera herida, debido a que el aparato golpeó contra el suelo mientras realizaba la maniobra de evacuación. “Si bien el helicóptero nos facilita mucho los rescates, hay que decir que es muy vulnerable en según qué situaciones porque se está muy expuesto a causas ajenas, aunque los pilotos tengan todo bajo control”, indica Caso. Los miembros de la Unidad tienen claro que el rescate empieza cuando salen del cuartel y termina cuando llegan.
Preparación
El entrenamiento diario es otra de las principales características del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil. Para llevar a cabo ciertos entrenamientos de carácter técnico ya cuentan con una zona específica, preparada a tal efecto, en la que realizan sus maniobras. “Es muy difícil controlar toda la demarcación en la que actuamos, por eso muchas veces también utilizamos la ayuda de la gente de la zona que la conoce mejor que nosotros, como pastores o guardas forestales”, apunta Caso. De ahí, que el grueso de su preparación pase por conocer de manera constante lugares nuevos para tener una buena referencia del lugar en cuestión en caso de emergencia.
El componente psicológico también es un factor importante dentro de esta profesión. El perfil general de alguien que quiera formar parte de la Guardia Civil pasa por que sea una persona que ante una situación muy complicada sepa mantener la calma y solventarla de la mejor manera posible. En el GREIM pasa más de lo mismo, pero con el añadido de las características propias de una actividad como la que desarrollan. No hay lugar para el error. “Estamos haciendo actividad casi todos los días, tenemos una relación muy directa entre todos. Cuando progresas encordado por una gran pared, no puedes ir pensando si tu compañero te estará asegurando correctamente con la cuerda. Si salimos a un rescate tenemos que actuar todos al mayor nivel, no puede ser que uno no responda porque la situación le sobrepase”, destaca Francisco Caso. Pero es bastante improbable que esto suceda porque cuando el jefe de la Unidad ve que un compañero no cumple el nivel que se considera oportuno, normalmente se le pide que haga un reciclaje en el CAEM de Jaca para saber en qué situación física y psíquica se encuentra. Aunque, para el Cabo 1º Caso, “lo normal es que sea uno mismo el que vea esas limitaciones y decida motu propio continuar o no”.
Los aficionados a la montaña tienen en los GREIM a su ‘ángel de la guarda’. No es casualidad que esta Unidad esté considerada como una de las más preparadas y cualificadas del mundo. Por algo será.



