Guarda del Refugio "Cabaña Verónica"
Hace 26 años abandonó Santander y se trasladó al que FUE su hogar y centro de operaciones: Cabaña Verónica, refugio situado en pleno corazón de Picos de Europa, a 2.325 metros de altitud. Después de permanecer 25 años ininterrumpidos asesorando a los visitantes, siendo una de las referencias clave a la hora de poner en marcha los rescates, socorriendo a muchos accidentados y desarrollando toda su labor de una forma desinteresada, una enfermedad hizo que Mariano Sánchez tuviera que ‘aparcar’ su labor como guarda del refugio. Un año después, el 27 de junio de este año, fallecía a los 57 años. Sus cenizas fueron esparcidas por UNA DE LAS ‘HABITACIONES’ DE SU CASA, el pico Tesorero.
Hasta mayo de 2007 Cabaña Verónica fue el refugio guardado de mayor altitud en la península. Mariano nació en 1950 y desde 1983 hasta mayo de 2007 fue el Guarda del refugio. Vivía allí todo el año. Durante este tiempo estuvo asesorando a aquellas personas que se acercaban por esa zona: informando sobre rutas, la meteorología, estado de los picos, socorriendo a accidentados (leves y menos leves), colaborando en los rescates y comunicaciones del GREIM de la Guardia Civil… Debido a su situación, el refugio se convirtió en un lugar estratégico para las comunicaciones por radio.Mariano, de forma desinteresada, realizaba el mantenimiento integral del refugio y porteaba con mochila todo aquello que fuera necesario: comida, bebida, bombonas de gas, materiales para reparaciones, repuestos, etc. En verano, también porteaba a sus espaldas la nieve necesaria para mantener frías las bebidas y los alimentos, buscándola en neveros profundos, alejados del refugio y con la dificultad añadida de andar sobre el muy difícil suelo de roca tortuosa. “Aquello lo tenía como una patena. Era el único refugio de todos los Picos de Europa en el que te podías tomar una bebida fría. Él se encargaba de que así fuese en previsión de que viniesen montañeros. Era un servidor público en toda regla, le apreciaba mucho”, recuerda Ramón Ugarte, montañero que mantuvo durante más de 20 años una gran amistad con Mariano Sánchez, del que dice “siempre fue buen montañero y muy buena persona. Era muy divertido, tenía mucho sentido del humor”.
En el año 2004, con la asistencia de primeras autoridades regionales, fue homenajeado en la 1ª Gala del Deporte de Montaña de Cantabria. Su hijo Marianín, con motivo de aquella distinción, escribía: “ El señor guarda de cabaña Verónica, con su quehacer brillante y generoso, ha contribuido de forma impagable e insuperable a formar una familia ajena biológicamente, pero que se ha caracterizado por elevar hasta las cumbres borrascosas, donde el invierno recién inaugurado se debatía en su ambiente monstruoso, bello y despiadado en soltar su lastre lacerante, para dejar paso a las nieves, al frío y a los vientos agonizantes característicos de las zonas altas de las montañas y de los valles”. Ugarte sabe bien que “le gustaba la montaña excesivamente. Por la montaña lo dejo todo. Vivió como quiso, como le gustaba. Vivir allí arriba era muy duro, las condiciones no eran adecuadas para nadie, y eso, después de 25 años, le acabó pasando factura”.
Siempre atento
Mariano siempre se mantenía fiel a su idea de vigilancia y ayuda permanente a todo lo que se movía en esta impresionante zona de Picos de Europa. En invierno no bajaba la guardia y avivaba aún más sus cinco sentidos, pese a las condiciones climáticas espeluznantes que le rodeaban durante varios meses. Ugarte está convencido de que “era una referencia para todos. Vinieses de donde vinieses siempre estaba la luz del refugio encendida para que nos pudiésemos guiar en medio de una ventisca”. Siempre estuvo atento a la emisora de radio y siempre llevaba consigo una portátil, por lo que su labor social, callada y de un valor incalculable, se desarrollaba las 24 horas del día...sin vacaciones...ni días de fiesta… ni sueldo… ni ayudas oficiales… así fue Mariano...y la capacidad de generosidad del ser humano. “Nunca tuvo un detalle feo con nadie. Le gustaba ayudar o socorrer al que lo necesitara. En cierta manera era como un niño grande. Ha sido el último aventurero. Casi todo el mundo le hacía caso cuando recomendaba bajar de Picos de Picos porque se acercaba un temporal o por el motivo que fuese”, afirma Ramón Ugarte.
Pero mucho más importante es el impagable papel que durante todos estos años ha jugado Mariano en los rescates. Como recordaba uno de sus amigos más íntimos, Mariano ha sido muchas veces el primero en auxiliar a los accidentados mientras llegaban los equipos de rescate. “Era una persona a la que no la importaba salir a buscar o a auxiliar a alguien hubiera las condiciones que hubiera. Era muy constante. Siempre estaba provisto de todo en el refugio, nunca le faltaba de nada para recibir a los montañeros”, destaca Ugarte. Incluso ahora, en plena era del móvil, su emisora de radio, instalada en 1985 por el Gobierno de Cantabria, es de importancia vital en la coordinación de algunos rescates. Y aunque Cabaña Verónica nunca funcionó como refugio guardado al uso, la certeza de que Mariano estaba allí para dar cobijo y comida en un caso de emergencia ha dado seguridad a varias generaciones de montañeros. Aunque la capacidad de Cabaña Verónica es de seis personas, han llegado a pasar una noche de tormenta hasta diecisiete. Ugarte, como recuerda, vivió algo parecido en alguna ocasión: “Para mi era un farero de montaña, conocía aquello mejor que nadie. Fue muy hospitalario. Allí hemos llegado a dormir hasta doce personas cuando ha habido temporal. Nunca cerró la puerta a nadie, todo el mundo tenía cabida, y si alguien se tenía que quedar fuera a dormir por falta de espacio, ese era él. A la mañana siguiente, nada más levantarnos se ponía a limpiar y ordenar todo a su manera. Hay que tener en cuenta que el refugio medía 9 metros cuadrados”.
El pasado verano, una enfermedad obligó a Mariano a abandonar, en mayo del 2007, el refugio que había sido su hogar durante 25 inviernos. Después de varios días con fiebre, sus amigos, los que durante años le han ayudado subiéndole las bebidas de las que sacaba sus magros ingresos, le convencieron de que bajara hasta Santander para hacerse un reconocimiento. Era la primera vez en los últimos seis años que Mariano iba más allá del Cable. En el hospital le diagnosticaron una neumonía, pero la realidad era mucho más dura: Mariano padecía un grave cáncer de pulmón. Sus pulmones, fundamentales para tantos actos de altruismo que le llevaron a ser una de las piezas imprescindibles para salvar vidas en esta extraordinaria zona de nuestra geografía, no resistieron más, después de haber sido ingresado en años anteriores por diversas afecciones. El 27 de junio de 2008, fallecía a los 57 años de edad, víctima de un cáncer de pulmón. Sus cenizas se esparcieron en el pico Tesorero el día 5 de julio de 2008.
EntierroMariano Sánchez y Cabaña Verónica estarán juntos para siempre no sólo en la memoria de todos los que les subieron hasta allí durante los últimos 28 años, sino de una forma especial. El pasado 5 de julio, las cenizas del guardián de los Picos fueron esparcidas desde el pico Tesorero, una de sus cumbres favoritas. Hasta allí subieron cerca de un centenar de amigos de Mariano para rendirle un ‘hasta pronto’ y poner una placa en Cabaña Verónica en la que, de su puño y letra, puede leerse: «Estoy porteando. Voy con el talkie a la escucha. El guarda C. V. Mariano». De esta forma, Mariano seguirá vivo.
La marcha comenzó a las nueve y media de la mañana en Fuente Dé. De allí partieron cerca de cuarenta personas que subieron por El Hachero, una senda que pasa por debajo del Teleférico y por la que Mariano siempre subía. En la Estación Superior de El Cable esperaban una treintena de montañeros que se juntaron al grupo para llegar a los Horcados Rojos, donde otro grupo se unió a la marcha para hacer cumbre en el Tesorero. Sus amigos comentan que este pico era una de sus favoritas y desde allí arrojaron sus cenizas. Quienes vivieron aquel momento explican que fue “muy emotivo” y que a partir de ahora ir a Cabaña Verónica será “diferente”. A este homenaje se fueron sumando muchos de los amigos que Mariano hizo por los Picos en los últimos años y que al conocer la noticia de su muerte quisieron brindarle un último adiós. Pero muchos, como se puede leer en la placa, prefieren pensar que está porteando y que volverá en seguida. “No creo que cabaña Verónica vuelva a ser lo que era sin Mariano. Yo no he vuelto desde que él fue ingresado, me cuesta. Me trae muy malos recuerdos ver aquello vacío, sin Mariano. Era muy buena persona, se le echa en falta. Creo que se va a notar mucho su ausencia”, se lamenta Ramón Ugarte.
Cabaña Verónica
El origen de este refugio se remonta al año 1961. El ingeniero Conrado Sentíes y su amigo el arquitecto Luis Pueyo fueron los artífices de este singular refugio, que recibió el nombre de una de las hijas de Sentíes y que fue la madrina en la inauguración el 13 de agosto de 1.961, con asistencia del presidente de la Federación Española de Montañismo, Julián Delgado Úbeda.
Situado en pleno corazón del Macizo Central de Picos de Europa (N43º10.633-W004º49.972), a 2.325 metros de altitud, en las estribaciones del Pico Tesorero, a unos 400 metros en dirección sudoeste de Torre de los Horcados Rojos, este Refugio-Vivac está enclavado en una pequeña elevación rocosa, rodeado de Picos y Torres y con extraordinarias vistas, pudiéndose ver claramente el mirador de El Cable ( la estación superior del teleférico de Fuente Dé). Sus características son las siguientes:
Estructura de chapa metálica de forma semiesférica con túnel de acceso.
Superficie de casi nueve metros cuadrados.
Forrado interiormente de madera con cámara de aire. Suelo de madera.
Dos lucernarios.
Dos puertas metálicas.
Tres literas fijas con colchones de espuma.
Una mesa de madera abatible.
Cuatro taburetes de madera.
Un banco de madera.
Mueble para cocinar.
Emisora.
Esta zona de los Picos de Europa es un lugar ideal para el entrenamiento en las condiciones más duras que se pueden imaginar: vientos huracanados que provocan celliscas cegadoras, temperaturas que superan los 20 grados bajo cero, nevadas de metros en pocas horas, densas nieblas que impiden la orientación incluso a los más experimentados, espacio muy limitado donde refugiarse, ascensiones en principio sencillas que se convierten en auténticas odiseas… En verano, debido a la proximidad del teleférico de Fuente Dé, se convierte en un lugar de los más visitados, ya que se puede llegar en 2 horas y hacer cumbre en 4 ó 5 horas.
En recuerdo de Mariano Sánchez: Guarda del refugio ‘Cabaña Verónica’.
“Atención, Guardia Civil de Comandancia en Potes, aquí Cabaña Verónica…”
Así comenzaban desde mediados de los años ochenta las conversaciones entre Mariano y el guardia de Puertas del cuartel de la Guardia Civil en el Valle de Liébana. Normalmente era él quien iniciaba la llamada, quizá harto de llevar varios días solo en la cúpula metálica que dominaba el paisaje bajo los Horcados Rojos. Otras veces éramos nosotros los que, preocupados por no haberle oído en un par de días, tomábamos la iniciativa por la emisora. A partir de ahí comenzaba el relato de Mariano en el que ponía al día a todos los radioaficionados, guardias civiles y guardas de refugio del estado en que se encontraban sus dominios de los Picos de Europa. Día glorioso, viento lacerante, cellisca asesina, cumbres altivas... cada palabra llevaba siempre su adjetivo para describir el paisaje, la meteorología o la intensa actividad de los montañeros que habían subido esa mañana por el teleférico de Fuente Dé.
Mariano te recibía con indiferencia si habías subido al refugio en un día soleado desde ‘El Cable’. Sin embargo, si te veía aparecer entre la ventisca o la lluvia con una mochila que aplastaba tus vértebras, tenías esperándote un plato de sopa caliente sobre la mesa del refugio. Era su manera de premiar el esfuerzo, una virtud que valoraba en cualquier ser humano y que el cultivaba cada día con sus porteos desde la ‘Vueltona’ o ‘El Cable’.
Alguna vez, reclamando auxilio, se había acercado al refugio el compañero de algún escalador o de algún montañero que se había precipitado por la ‘Canalona’ o la pendiente de acceso a la cumbre de ‘Peña Vieja’ o el ‘Tesorero’. Entonces se apresuraba a dar el aviso del trágico accidente y hasta que no estaba seguro de que el GREIM había sido alertado y tenía todos los datos posibles, no se acercaba con su emisora portátil hasta la zona. Cuando llegábamos el accidentado estaba perfectamente asistido, le había procurado calor y alimento y sólo nos quedaba que portear la camilla o, en el mejor de los casos, esperar al helicóptero. A la mañana siguiente la emisora bullía de actividad y Mariano contaba a todos el glorioso rescate de los miembros del GREIM y, sin embargo, quien había salvado la vida del montañero había sido él con sus cuidados y su termo de caldo, pero sobre todo porque había estado ahí, cuidando de que la emisora estuviese siempre operativa para alertar de los accidentes y manteniendo en pie un refugio para que esa palabra no perdiera nunca su significado, al menos al pie de los Horcados Rojos.
Sería una tontería decir que hoy Mariano nos estará mirando a todos desde ahí arriba, porque siempre estuvo ahí, por encima de todos, en el refugio guardado más alto de los Picos de Europa...
Sirvan estas líneas de sencillo homenaje por parte de tus compañeros de la Guardia Civil de Montaña, los GREIM, los que siempre supimos que contigo teníamos las espaldas cubiertas y un seguro de vida en las estribaciones del ‘Tesorero’.
Un fuerte abrazo Mariano, allí donde estés…



