> Salidas en vela, una tarde haciendo windsurf, regatas veraniegas... Las prácticas en el mar aumentan durante el verano, con los consiguientes riesgos de lesión. Las lesiones relacionadas con la navegación no son raras. Pueden ser consecuencia de una inadecuada forma física, de sobrecargas, de un exceso de entrenamiento o de accidentes. Muchas. Otros factores, como son los biomecánicos, la nutrición y la psicología, también influyen en el rendimiento del tripulante.
Las acciones durante la navegación son repentinas y esporádicas, de modo que ponen a los músculos en riesgo de lesión, pues exigen movimientos explosivos y vigorosos, a menudo sin el adecuado calentamiento.
En los deportes náuticos uno de los movimientos que más problemas ocasiona es hacer banda, es decir, inclinar el cuerpo hacia el exterior con el fin de equilibrar el barco. Esta tarea puede ocasionar problemas de rodilla y lumbalgias. De hecho, uno de los traumas más frecuentes es el dolor de espalda (en ocasiones por debilidad de la musculatura abdominal), tanto en los aficionados que navegan en botes como en los equipos de grandes competiciones, como la Copa de América o la Volvo Ocean Race.
Cuando se hace banda, lo más seguro consiste en mantener la espalda derecha, “siempre dependiendo del estilo que se esté practicando”, aconsejan los autores, que recomiendan también que, en el caso de que se emplee un arnés, lo más recomendable es un soporte rígido y acolchado con un soporte que abarque los hombros y glúteos y correas de apoyo para las piernas.
Otro movimiento que puede ocasionar lesiones es, según los autores de esta revisión, “el constante manejo de la vela mayor, que puede resultar en lesiones de hombro y brazos”. Por otra parte, “las acciones físicas en torno a un velero son a menudo difíciles, resultando en rotaciones, hiperextensiones o giros de las articulaciones.
Los problemas posturales en muchas posiciones de la tripulación juegan un papel en los asuntos musculoesqueléticos”, agrega el estudio, que detalla los problemas específicos de cada práctica:
Windsurf: en esta disciplina son habituales las lesiones en la piel, la espinilla, los pies, la espalda y los antebrazos. Los problemas más frecuentes son las abrasiones, los esguinces, las contusiones y, en menor medida, las fracturas.
Barcos pequeños: las zonas más doloridas son la espalda y las rodillas.
Barcos grandes: los problemas más frecuentes son las lesiones en las lumbares y los hombros, sobre todo microtraumas o sobrecargas. De todos modos, las lesiones varían en función de la postura que ocupa el tripulante. Los más afectados por las lesiones son el proel y el ‘grinder’ (el encargado de manejar los molinillos que controlan los cabos), sobre todo en lo que a las lesiones en los tejidos blandos de la espalda y los hombros se refiere.
Prevención de lesiones
Un adecuado entrenamiento y un buen cuidado de las lesiones previas son el mejor modo de evitar las lesiones. Es eficaz incluir programas de flexibilidad y estabilidad del tronco (cintura pélvica, abdomen y zona lumbar). Otro aspecto que puede ayudar pasa por atender a aspectos ergonómicos dependiendo de la modalidad que se practique.
El estado físico no sólo va a influir en el rendimiento del tripulante, sino también en su riesgo de lesión. La fuerza, la potencia, la resistencia muscular y cardiovascular, el control del peso, la flexibilidad y la agilidad son algunos de los aspectos que se controlan en el entrenamiento. Aunque las exigencias físicas varían en función del tipo de barco y de la posición que se ocupe en la tripulación.
Un adecuado calentamiento y enfriamiento: Los ejercicios de estiramiento y flexibilidad pueden optimizar el equilibrio y la movilidad al tiempo que disminuyen la tensión y descargan los músculos que se ven repetidamente tensionados.
Ejercicios de potenciación para los grupos musculares que se utilizan normalmente, así como para sus antagonistas, para mantener un adecuado equilibrio de la fuerza.
El entrenamiento aeróbico o cardiovascular (de baja intensidad y prolongado, como correr, andar en bicicleta, remar o nadar) y una buena forma física en general acelerarán la reacción del navegante ante los cambios del viento, además de mejorar la resistencia y la concentración.



