Una historia personal de lucha y sacrificio. La experiencia de alguien, que después de recorrer un largo camino y superar infinidad de vicisitudes, ha terminado una búsqueda. Alguien que aún persigue un sueño, y por el que está dispuesto a sacrificarlo todo. Esperamos que con la ayuda de su fuerza y su enorme fe, consiga lo que se ha propuesto y algún día nos lo pueda contar. Mucha suerte en tu aventura.
Qué harías si un día a la edad de seis años, tu madre se despide de tí en un aeropuerto y, por causas del destino, jamás regresa a tu lado, pero diecisiete años después la encuentras muerta ¿el motivo? Los trabajos ocultos con la mafia colombiana, la desvanecieron de mis ojos.Qué harías si un día te das cuenta que tu padre te dejó cuando tenías un año de edad: ¿el motivo?, incompatibilidad de caracteres con tu madre, la típica disculpa, pero le encuentras a los diecinueve años de edad, con una enfermedad demencial, muriendo pocos meses después.
Dos metas concluidas y muchas ganas de demostrar que no hay sueños que no se puedan cumplir, que el límite está en nuestra mente, que nuestros pensamientos son pinturas que podemos materializar. Nada es inalcanzable cuando realmente creemos en nosotros mismos.
Todo ello me ha llevado a la última misión que me he propuesto, por la cual estoy en Europa, caminando y dejándome fluir por el tiempo hasta que me lleve, suavemente, como las olas del mar a mi orilla. He recorrido Alemania, Dinamarca, Bélgica, Francia, Andorra y Canarias hasta que he llegado a Santander. Mi próxima parada será Barcelona, de ahí en adelante hasta que el suave viento deje de soplar y pueda cumplir el último mis sueños, un sueño ajeno, construir una Residencia para abuelos desamparados de la calle en Colombia. Se trata de abuelos desterrados de sus casas en el campo por la guerrilla colombiana o simplemente por hijos desalmados que ya sólo ven en ellos un estorbo.
¿Cuándo lo construiré?... Después de sentir mi propia historia escribí un libro llamado ‘Fuerza, Corazón y.. Fe’. Tres palabras que han sido mis armas para lograr lo que he querido, lo que a día de hoy quiero dejar como legado: que nada es imposible, que todos podemos lograrlo todo.
Mi nombre es Romano Otálora, soy monitor de fitness y entrenador personal. Con esta profesión y mi amor por la vida sana, además de una mente positiva, he recorrido dichos lugares. Soy un turista del planeta que jamás ha tenido un lugar para decir ¡aquí clavo ésta bandera! Y mi esencia como persona está creada por retos grandes o pequeños.
Como deportista ya perdí la cuenta de los retos que realicé, aunque sí recuerdo haber corrido bajo la nieve en Andorra, en la noche, necesitaba despegar mis pensamientos, y que mejor que la naturaleza para flagelar tus ideas. Fue ahí cuando decidí venirme a Santander, y sé que no me equivoqué. Hasta el momento es lo mejor que he conocido, una comarca que tiene montañas verdes acompañadas del mar Cantábrico, un mar para nada pacífico. Este mar pude sentirlo el verano pasado trabajando como socorrista para la Cruz Roja, en las playas de Liencres, de las cuales me llevo muy buenos recuerdos.
De Santander tomé un gran milagro, y éste sí traspasa la barrera del mismo: seis personas aceptaron correr conmigo veinticinco kilómetros, un lluvioso domingo del mes de Marzo, desde el club deportivo Marisma (lugar en el que trabajo actualmente), hasta la cima de Peña Cabarga. Me encontraba mal de mi rodilla izquierda, tenía un problema de ligamentos debido a un golpe, y cuando faltaban tan sólo quinientos metros para llegar el dolor me impedía avanzar. Yo había propuesto el reto y no debía fallar. Creo mucho en los ángeles, y en ese momento decidí discutir internamente con ellos, les pedí fuerza para llegar y lo conseguí. Éste fue mi último gran reto deportivo, y lo mejor de todo es que al día siguiente mi rodilla funcionaba perfectamente.
Podéis llamarle coincidencia o milagro, pero lo único que os puedo decir es que no estamos solos, que tenemos una energía interior que nos acompaña donde quiera que vayamos, es la energía de la Fe. La que perdemos en ocasiones por un miedo difundido por nuestro entorno o, tal vez, por miedo a enfrentarnos al fracaso.
Cuando tu inspiración es un gran objetivo todos los pensamientos rompen sus cadenas. Tu mente transciende las limitaciones, tu conciencia se expande en todas las direcciones y te encuentras en un mundo nuevo, grande y maravilloso que creías inexistente. Las fuerzas, facultades y talentos cobran poco a poco vida y vas descubriendo que eres mucho mejor de lo que habías soñado. Todos poseemos el don de la sabiduría, somos seres poderosos que tenemos una misión, la cual, a medida que crecemos y dependiendo medio que nos rodea, olvidamos o cumplimos.
Un cuerpo sano está mejor preparado para entrar en meditación, y dispara así el cohete de nuestros sueños. ¿Por qué aprendemos a buscar la diversión en el alcohol o en las drogas? Nuestro organismo puede llevar a cabo una felicidad interna sin maltratar el templo que la creación nos ha dado.
Como ser humano observo mi alrededor y puedo notar como la gente busca esa tan anhelada paz espiritual, tratando a toda costa de abandonar el calvario de un espíritu vacío. Todos sabemos que no estamos solos, ni siquiera la ciencia puede descubrir de dónde sale esa voz interna que dice: ‘Tú puedes’. Fuera de ti existe ese efecto duda, y si cerrásemos los ojos o pusiéramos nuestra mente en blanco esa luz de poder aparecería. Os aseguro que bajaríamos la cabeza, miraríamos a los lados y formaríamos esa cadena de fuerza que uniría nuestra sensibilidad para compartir con los demás. No es necesario ser millonario para expandir dicha fuerza, sólo se necesita ser ‘millonario’ de voluntad y amor.
Todos os preguntaréis por qué Romano escribe esto, intentando enseñar algo que suena tan extraño para algunas personas. Pero para ganar en ocasiones se debe perder, y esa lucha por conseguir mi sueño ha costado muchas lágrimas ajenas. No soy totalmente feliz y siento un enorme vacío por no poder vivir el crecimiento de mis dos hijas, que aún no se conocen. Mariana tiene once años, vive en Colombia, y Zeltya, de cuatro añitos, vive en Hannover (Alemania). Como podéis ver, sigo un largo camino y he sido criticado duramente por ello, pero si heredaron mi sangre de águila, lo comprenderán.
Algunos me dicen que moriré sólo, no lo sé, pero creo que si dejara de pelear por esta locura de sueño, publicar mi libro llamado ‘Fuerza, Corazón y.. Fe’, perdería mi esencia. Desde pequeño he notado que nací para caminar y a día de hoy he encontrado mi rumbo en España, el país que un día mi madre soñó para vivir conmigo, y hoy le cumplo el sueño, la llevo en mis pensamientos.
Como sé que para poder entrar hay que tocar varias puertas sin parar, me despido dejando un recuerdo en éstas tierras cántabras. Santander, la ciudad de la cual me enamoré, y que hoy debo abandonar. Sé que nada es para siempre y, dando media vuelta, miro a ese punto que ya conocéis, y me voy a por él. Todos somos una mina de pensamientos positivos, no lo olvidéis, imaginaros cada día como guerreros vencedores. Cuidad vuestro cuerpo, es el templo del alma.
Con cariño… un caminante.




